viernes, 25 de septiembre de 2009

Dilema de Ascensor: ¿Descender o Ascender??

Estaba barajando distintos tópicos para desarrollar en las Andanzas, sin embargo la última noticia sobre el cierre de tres de los ascensores de Valparaíso me estremeció.

Ya hace un par de días había tenido un adelanto sobre este tema. Me encontraba guiando a un grupo de franceses en el ascensor Larraín, mostrándolo desde la calle pues solo funciona en los horarios de mayor movimiento. Estaba dando las explicaciones y una señora se me acercó y me dijo que me esperaría para hablarme de algo. Tuve que dejar a mis pasajeros por unos segundos para atender a la señora.

Señor, me dijo, usted que muestra tanto estos ascensores, podrá hacer algo para que éste vuelva a funcionar a tiempo completo??? Vea usted, debemos bajar y subir las escalas y el ascensor nos servía tanto.

Tuve que decirle que no podía hacer nada. Quisiera tanto haberle dicho que podía hacerlo todo. Sin embargo, solo muestro los ascensores y la ciudad. Aunque la gente vea en mí a alguien que articula cosas, en esta materia estoy tan de manos atadas y tan perplejo como el resto de los habitantes de la ciudad.

El texto de la consulta de la señora revela uno de los dramas del cierre de los ascensores: el cotidiano del porteño que los usa como medio de transporte. Esta tragedia social es la menos valorada, la menos publicitada. Ante la grandilocuencia de ser considerados eventos turísticos y monumentos patrimoniales, la preocupación de la señora del cerro Larraín queda reducida a un detalle. Dramático pero real.

La debacle de los ascensores se ha venido in crescendo, reflejando la falta de visión y de gestión de todos los involucrados en su mantención. Pero también debemos ser críticos con nosotros mismos; los habitantes de la ciudad que aún dormimos un letargo y esperamos que otros nos solucionen los problemas que deberíamos tomar en nuestras propias manos, organizándonos, buscando soluciones, siendo inquietos y activos y no pasivos.

Pasemos una breve revista al estado de los ascensores, pues la tragedia del cierre de Monjas, Mariposa y Florida es solo parte de la delicada situación que ya de años están viviendo nuestros funiculares.

Ascensor Barón (Administración: Municipalidad de Valparaíso): Cerrado desde hace ya varios años por un problema en su maquinaria. En su sala de máquinas había una sencilla pero hermosa exposición de fotos antiguas de todos los ascensores. La sala ha sido saqueada y han desaparecido todas las fotografías y las viejas herramientas. El ascensor ya da muestras de abandono y sus carros lucen grafiteados.

Ascensor Lecheros (Administración: Privado): Detenido desde hace unos dos años por un incendio en su estación baja que dio cuenta de uno de sus carros. Es el único ascensor privado de la ciudad que pertenece a don Justo Maturana (o pertenecía, no sé si su situación ha cambiado). En el lugar de su estación baja hoy en día hay un lugar para estacionar autos.

Ascensor Larraín (Administración: Comp. De Ascensores mecánicos de Valpo.): Funcionando desde hace unos meses solo en horarios de mayor movimiento. Mal indicio pues los ascensores que cerraron justamente estaban abriendo solo en horarios de alto movimiento.

Ascensor Polanco (Administración: Municipalidad de Valparaíso): Funcionando en horario continuado, sin embargo su estado es delicado y frecuentemente debe ser detenido para ser reparado. El hecho de que sea el único ascensor como tal lo convierte en área de gran interés turístico.

Ascensor Monjas (Administración: Comp. De Ascensores mecánicos de Valpo.): Recién Cerrado

Ascensor Mariposa (Administración: Comp. De Ascensores mecánicos de Valpo.): Recién Cerrado

Ascensor Florida (Administración: Comp. De Ascensores mecánicos de Valpo.): Recién cerrado

Ascensor Espíritu Santo (Administración: Comp. De Ascensores mecánicos de Valpo.): Funcionando y se le ve saludable. Llega a sector de Museo a Cielo Abierto, área de creciente interés turístico.

Ascensor Reina Victoria (Administración: Municipalidad de Valparaíso): Recientemente reparado y puesto en funcionamiento. Es uno de los accesos a una de las áreas más turísticas de la ciudad.

Ascensor Concepción (Administración: Comp. De Ascensores mecánicos de Valpo.): Funcionando y saludable. Es uno de los ascensores en donde se pueden apreciar reparaciones y arreglos en sus carros. Uno de los ascensores que más movimiento tiene, pues llega al sector más turístico de la ciudad.

Ascensor el Peral (Administración: Municipalidad de Valparaíso): Funcionando. También es acceso a un área de gran interés turístico.

Ascensor San Agustín (Administración: Municipalidad de Valparaíso): Recientemente reparado sin embargo, al parecer funciona solo en horarios de gran movimiento de público.

Ascensor Cordillera (Administración: Comp. De Ascensores mecánicos de Valpo.): Desconozco si está funcionando, solo puedo decir que cada vez que paso por el lugar lo veo detenido. Este ascensor sufrió una modificación de su estación baja completamente fuera de cuidado patrimonial. La calle Serrano fue posteriormente modificada bajo un concepto historicista con empedrado en su calle. Esto provoca que quede en evidencia la horrible modificación de la estación baja del ascensor.

Ascensor Artillería (Administración: Comp. De Ascensores mecánicos de Valpo.): Funcionando y saludable. También se puede apreciar el constante cuidado de sus estaciones y de todo el emplazamiento. Sirve de acceso a un área de gran interés turístico Es el sector más visitado por las compañías que mueven pasajeros de cruceros. En temporada alta se pueden apreciar las filas de personas esperando a tomar el ascensor.

Ascensor Villaseca (Administración: Comp. De Ascensores mecánicos de Valpo.): Cerrado por los trabajos realizados en el área del nuevo acceso al puerto. Este trabajo ya está finalizado y el ascensor aún no se pone en funcionamiento.

En mi caso particular, ha sido dramático porque los he visto caer uno a uno. Comenzaba con mis circuitos en Ascensor Barón y seguía a Lecheros. Después me tuve que mover a Larraín y ahora solo tengo Polanco en el área de Av. Argentina. También solía mostrar Florida. Ya no los tengo.

Una reflexión sobre los ascensores detenidos: El tiempo sin actividad va deteriorando maquinarias y estructuras, haciendo aún más complejo y oneroso ponerlos en actividad nuevamente. Cada día que pasa, la situación se complica.

Una reflexión sobre los ascensores funcionando: La mayoría de los que se encuentran o se notan saludables son accesos de áreas de interés turístico, convirtiendo al ascensor en parte del atractivo del lugar y por lo tanto, teniendo gran afluencia de público.

Esto nos hace caer en cuenta que el gran problema de los ascensores de Valparaíso es su gestión comercial. Aparte, claro está, de cuando sufren una avería en sus maquinarias y que en sus estructuras hay evidentes problemas de vejez. Si los ascensores cerrados hubiesen tenido un buen flujo de pasajeros, no habría sido necesario cerrarlos y se habrían podido potenciar utilizando sus propios recursos. Un ascensor es una empresa y quien lo administre debe luchar constantemente para tener pasajeros y no confiar en el flujo cautivo que le da su sector. Como todo empresario, quien administre los ascensores debe hacer uso de su creatividad y de sus posibilidades de gestión y no descansar en la posibilidad, remota, de que el estado le subsidie o le dé recursos para mantener su negocio.

Esto me recuerda inmediatamente un proyecto que funcionó muy bien y que al momento de ser llevado a cabo, yo pensé que serviría de antecedente para futuras gestiones. Me refiero al proyecto de “Un Ascensor un Barrio” que potenció la Fundación Valparaíso.

Antes de desarrollar este punto, me permitiré la libertad de declarar, con Biblia en mano, que no tengo ninguna relación con la Fundación Valparaíso, ni con su fundador Todd Temkin, más que una profunda admiración por su gestión y preocupación constante por los temas ciudadanos, y por estar constantemente al frente de los proyectos patrimoniales, siempre activos y propositivos. Digo esto para evitar la natural desconfianza nacional. Soy absolutamente independiente y mi opinión es solo la de un porteño más.

La Fundación encargó un estudio con respecto a los ascensores, previendo la situación límite en que se encuentran en este momento. Hay que recordar que los ascensores de Valparaíso fueron nombrados uno de los 100 monumentos del mundo en mayor peligro de extinción por la ONG World Monuments Fund.

El estudio encargado les arrojó la interesante conclusión de que si el barrio al cual llegaba el ascensor se potenciaba, inmediatamente se mejoraba la plusvalía del lugar y como un efecto colateral el ascensor mejoraba su movimiento de pasajeros. La Fundación puso en práctica esta teoría en el barrio en donde llega el Ascensor Espíritu Santo. Se consiguieron recursos, pinturas, se involucró a los vecinos y a la participación ciudadana, sin discursos, sino que con propuestas: estudiantes de diseño compitieron para presentar proyectos de pinturas de casas, los vecinos escogieron el que más los identificaba y ahí tenemos ahora el barrio Bellavista, en donde se encuentra el museo a Cielo Abierto (también un poco abandonado a su suerte), la hermosa postal de las casas de colores y el ascensor Espíritu Santo con un flujo constante de pasajeros que visitan el área subiendo hasta la casa de Neruda “La Sebastiana”. Really clever Gringo, my congratulations.
Éste es justamente el camino a seguir. Los ascensores no son solos. Están íntimamente relacionados al barrio donde llegan, son parte de la identidad del sector y si se desea intervenirlos, se debe partir por indagar qué está pasando en el área a la que pertenecen.

Un ejemplo de esto podrían ser ascensor Barón y Lecheros. Hoy en día, ambos ascensores llegan directamente al conglomerado de multitiendas de Av. Argentina – sector Barón. También hay un área de interés turístico y espacio público en Muelle Barón y paseo Wheelwright. Por qué no involucrar a estas multitiendas en la recuperación de sus vecinos ascensores???. Que pongan grandes letreros publicitando su buena voluntad, su actitud de buenos vecinos, etc. Esto ayuda a posicionar su marca y genera identidad corporativa con el sector. Es marketing y es gestión patrimonial y es sumar dos flujos de clientes a las puertas de sus negocios. De paso los ascensores estarían funcionando, con buen número de pasajeros, lo que les daría una mejor situación económica.

Hoy en día lo que tenemos son las noticias de las grandes discusiones entre Municipalidad de Valparaíso, Gobierno Regional, Consejo de Monumentos Nacionales, Departamento de Patrimonio, etc. Unos dicen una cosa, los otros le replican, todos se tiran la pelota y tres ascensores se cierran y otros están en peligro de cerrarse. Proyectos anunciados con pompa, ideas que relacionan a los ascensores con los Trolleybuses y Merval, ideas y más proyectos, y la única solución posible de pedirle al estado de rodillas que proporcione fondos para cuidar los ascensores.

De los dineros que aportó el BID para el cuidado de los ascensores, mejor ni preguntar. Eso daría para otra columna, para una investigación y muy probablemente para una auditoría.

Hoy en día la gestión patrimonial debe pasar por la creatividad, debe pasar también por la gestión comercial, por el desarrollo de los lugares tomando en cuenta su identidad y convertirla en un producto que de recursos. Eso probó el proyecto “Un Ascensor Un Barrio”.

Tener a 15 ascensores patrimoniales en Valparaíso es un lujo.

No cuidarlos, no potenciarlos, abandonarlos y cerrarlos constituye una farra.

Leo Silva

domingo, 30 de agosto de 2009

El Vagabundo De Valparaíso

Existen muchos Valparaíso, tantos como tantas versiones de él podamos hacer, como tantos intentos por traducirlo. Cada uno de nosotros tiene una versión atada a nuestra propia experiencia. Veremos a continuación una de ellas, una tremendamente particular.

Hace algún tiempo, años atrás, participando en unas jornadas de apreciación literaria, preparé un trabajo sobre las líneas de Neruda dedicadas a Valparaíso en su libro “Confieso que he vivido”.

Este trabajo será mi nuevo artículo. Espero que mis lectores disfruten de este texto y de esta particular caminata con Neruda por su Valparaíso.

Si enfrenta esta lectura, le recomiendo prepararse un café (es un poco extenso) o servirse una copa de vino tinto y abandonarse a unos minutos de relajada y ensoñadora caminata con Neruda.

Leo Silva (a continuación el texto)...


A MODO DE INTRODUCCIÓN

CONFIESO QUE HE VIVIDO, el libro de memorias dictado por el poeta, es definitivamente, una puerta de entrada al mundo nerudiano.

En él, el poeta nos va relatando no sólo sus memorias con sus datos biográficos - de hecho el libro no debe ser considerado una biografía exacta del poeta - sino que nos toma de la mano para dar un paseo por su mundo, aquel mundo oculto lleno de su imaginario, su particular mirada de los hechos que rodearon su vida y su fantasía.

Qué mejor cita con el poeta que dedicarse a deshojar su libro como si se tratara de sentarse en frente del mismísimo Neruda para recibir su relato a paso quedo, a disfrutar de la presencia del poeta y de sus historias y anécdotas. Reales por un lado, un tanto increíbles por otro, ensoñadoras, oníricas, humorísticas, trágicas, inmensamente nerudianas. Historias regaladas sin solemnidad, soltadas al aire y aterrizadas en las páginas del libro.

Quizás sea por este hecho, de tanta cercanía, de la complicidad que se establece al recibir estas memorias contadas, no biografiadas, que el mundo de Pablo Neruda se abre de par en par al lector oyente involucrado, el que recibe la lluvia sureña en la cara, el que sale de bohemia a beber poesía, el que se va de viaje a dormir con una mangosta en Birmania, el que se esconde clandestino y se escapa por la cordillera, el que se involucra en el ambiente intelectual de Europa y sufre la guerra civil española y llora a García Lorca, el que es llamado a ser candidato y sale de campaña política, el que se enferma y sufre el colapso del sueño de la “revolución en libertad” y muere, finalmente, en el delirio de la urgencia.

Si de visiones particulares se trata, en este trabajo nos iremos de visita a Valparaíso. Pero no el Valparaíso que conocemos, sino el Valparaíso de Neruda, como él lo vio, como él lo vivió, como él lo sintió, cuál fue el efecto del choque de estos dos portentos, cómo se tradujo este puerto mítico en el imaginario poético de Neruda, qué nos diría el poeta si camináramos con él por los callejones y los laberintos.

¿Entenderemos?

Hagamos la prueba...




“La estrella de Valparaíso nos llamaba con su pulso magnético.”
Pablo Neruda




“Valparaíso está muy cerca de Santiago. Lo separan tan sólo las hirsutas montañas en cuyas cimas se levantan, como obeliscos, grandes cactus hostiles y floridos. Sin embargo, algo infinitamente indefinible distancia a Valparaíso de Santiago. Santiago es una ciudad prisionera, cercada por sus muros de nieve. Valparaíso, en cambio, abre sus puertas al infinito mar, a los gritos de las calles, a los ojos de los niños.

”Pablo Neruda – Confieso que he vivido – pag. 81

Con estas líneas comienza Neruda sus recuerdos dedicados en sus memorias, a Valparaíso. Ya también con estas líneas el poeta comienza a sugerirnos qué significa la ciudad para él; la infinita libertad del horizonte marino a la ingenuidad lúdica que invita al descubrimiento infantil, a las ganas de adentrarse, a las ganas de zozobrar.

El poeta comienza a narrar sus historias:

“En el punto más desordenado de nuestra juventud nos metíamos de pronto, siempre de madrugada, siempre sin haber dormido, siempre sin un centavo en los bolsillos, en un vagón de tercera clase. Éramos poetas o pintores de poco más o poco menos veinte años, provistos de una valiosa carga de locura irreflexiva que quería emplearse, extenderse, estallar...”
(pag. 81)

La aventura veinteañera. ¿Podrá existir mejor cómplice para esta desatada ansia de sueños juveniles, de poetas y pintores sedientos de bohemia que Valparaíso? Neruda no escapaba al llamado de la ciudad y nos deja entrever su “locura irreflexiva”, el sentido de esos años de juventud, las ganas de rebelarse, de aventurarse.

Al puerto no le es indiferente Neruda, le muestra sus ángeles y santos, le muestra el delirio de sus hogares y de sus actividades. Un ejemplo es su relato del encuentro con Novoa, según el mismo Neruda, uno de los locos favoritos de la pandilla de artistas que los alojaba en un ranchito, entre quebradas, con olor a vegetación silvestre:

“Era un hombre imponente, de barba poblada y gruesos bigotazos. Los faldones de su vestimenta oscura batían como alas en las cimas misteriosas de aquella cordillera que subíamos ciegos y abrumados. Él no dejaba de hablar. Era un santo loco, canonizado exclusivamente por nosotros, los poetas...”

“...Nos predicaba mientras marchaba; dirigía hacia atrás su voz tonante, como si fuéramos sus discípulos. Su figura descomunal avanzaba como la de un gran san Cristóbal nacido en los nocturnos, solitarios suburbios.”
(pag. 82)

Neruda se aficionó a la observación de las vidas y de sus curiosidades pero, sin duda, nunca una ciudad como Valparaíso le dio tanto material en este sentido. Personajes extraños, con vidas ocultas, solitarios, de ritos diarios que así como estaban, también desaparecían.

“ …Pero su tesoro más agudo y más desgarrador era un violín Stradivarius que conservó celosamente toda su vida, sin tocarlo ni permitir que nadie lo tocara. Don Zoilo pensaba venderlo en Nueva York”
(pag. 83 – 84)

Santos vegetarianos y vegetales, arcángeles que limpian trajes que jamás usan y que guardan tesoros musicales o un explorador muy anciano que es descubierto por el poeta en una casona de tipo mansión y que en su interior tiene varado el mundo exótico de sus exploraciones. Ídolos, escudos de madera revestidos con piel de leopardo, cuchillos de hojas plateadas.

Pero, ¿será cierto todo esto?, ¿serán verdad estas historias que parecieran haber estado reservadas sólo para el poeta?

Sin duda alguna que la verosimilitud puede ser cuestionada, pero por otro lado ¿vale la pena hacerse estas preguntas, cuando el que te las relata, prácticamente tomado de tu brazo, es el mismo Pablo Neruda?

El poeta es un pequeño dios, decía el acérrimo enemigo de Neruda, Vicente Huidobro. Pero es justo que nos valgamos de este dictado para entender el mundo nerudiano como el mundo de un poeta que se crea y se recrea al más puro capricho y voluntad de este mismo. Así, no existe alternativa y lo que resta es naufragar en este universo, en esta ciudad, que no es el Valparaíso de todos los días, sino que es el particular Valparaíso de Neruda.

“Pregunté a los vecinos:
- Hay algún nuevo extravagante? Vale la pena haber regresado a Valparaíso?
Me respondieron:
- No tenemos casi nada de bueno. Pero si sigue por esa calle se va a topar con don Bartolomé.
-Y cómo voy a conocerlo?
No hay manera de equivocarse. Viaja siempre en una carroza. (pag. 86)

Telúrico Neruda, como un cerro de la cordillera se alza para husmear, para asomarse sísmicamente a los balcones de la ciudad. Pero no se entromete sólo en vidas, también retrata al ruido subterráneo que viene a chocar con la costa precediendo al terremoto.

“Valparaíso a veces se sacude como una ballena herida. Tambalea en el aire, agoniza, muere y resucita.Aquí cada ciudadano lleva en sí un recuerdo de terremoto. Es un pétalo de espanto que vive adherido al corazón de la ciudad. Cada ciudadano es un héroe antes de nacer. Porque en la memoria del puerto hay ese descalabro, ese estremecerse de la tierra que tiembla y el ruido ronco que llega de la profundidad, como si una ciudad submarina y subterránea echara a redoblar sus campanarios enterrados para decir al hombre que todo terminó”
(pag. 87)

Gigante Neruda. Tomando a Valparaíso en su mano para estremecerlo, para entretenerse con su juguete, para sacudir el polvo soplando por sobre los techos, expulsando dioses, derribando iglesias vanidosas, repartiendo un pavor cósmico, observando la ciudad en su palma mientras escribe sentado en La Sebastiana, mientras se solaza con tanto paisaje, con tanta vida y con tanta ruina.




Pero Neruda de nuevo sale a caminar, a sorprenderse, a impresionarse con la ciudad y queda atónito de peldaños, de subidas. Cuenta, calcula, se empequeñece. “ Si caminamos todas las escaleras de Valparaíso habremos dado la vuelta al mundo” (pag. 89)

“Cuántas escaleras? Cuántos peldaños de escaleras? Cuántos pies en los peldaños? Cuántos siglos de pasos, de bajar y subir con el libro, con los tomates, con el pescado, con las botellas, con el pan? Cuántos miles de horas que desgastaron las gradas hasta hacerlas canales por donde circula la lluvia jugando y llorando?
(pag. 88)

De tanto caminar las soledades y las gradas porteñas, de tanto jugar al terremoto y manosear la ciudad a pura literatura, de tanto venirse desde joven a la bohemia, a las noches de eterna promesa de amor, el poeta enarbola una teoría fundacional, una idea, una semilla, un génesis mítico.
“La verdad es que luego la inmensa noche despoblada desplegó colosales figuras que multiplicaban la luz. Aldebarán tembló con su pulso remoto, Casiopea colgó su vestidura en las puertas del cielo, mientras sobre la esperma nocturna de la Vía Láctea rodaba el silencioso carro de la Cruz Austral. Entonces, Sagitario, enarbolante y peludo, dejó caer algo, un diamante de sus patas perdidas, una pulga de su pellejo distante.”
(pag. 89)

Pulga de pellejo es este Valparaíso nerudiano. Pellejo de la Cruz del Sur, pellejo de las andanzas de tantos que dejaron su historia, que dejaron sus manos en las paredes como un legado, que vinieron en barcos con el sueño del oro californiano y que después del Cabo de Hornos no se embarcaron más de tanto mareo oceánico. Neruda percibe este rastro. Su nariz de lobo viajero y poeta huele el sudor que se quedó atrapado en la grieta, saborea la lágrima del esfuerzo, sueña el sueño de los viajeros.

“... Feroces y fantásticos días en que los océanos no se comunicaban sino por las lejanías del estrecho patagónico. Tiempos en que Valparaíso pagaba con buena moneda a las tripulaciones que la escupían y la amaban.”
(pag. 90)

Nada se escapa al ojo del poeta, todo lo abarca en su mirada. Cada detalle, cada rincón es un hallazgo y todo lo traduce, todo lo interpreta, todo lo relata de una manera olorosa, con colores, con sabores. Con su dedo preciso te indica el lugar en que debes fijar la mirada, dirige tu enfoque con pericia de camarógrafo y te muestra lo que nadie más ve, la entrelínea y el sub texto que encierran los laberintos.

“En la espiral te espera un carrusel anaranjado, un fraile que desciende, una niña descalza sumergida en su sandía, un remolino de marineros y mujeres, una venta de la más oxidada ferretería, un circo minúsculo en cuya carpa sólo caben los bigotes del domador, una escala que sube a las nubes, un ascensor que asciende cargado de cebollas, siete burros que transportan agua, un carro de bomberos que vuelve de un incendio, un escaparate en que se juntaron botellas de vida o muerte.”
(pag. 91)

La ciudad le sigue el juego en una apuesta entre portentos y le propone y le propone lugares, cada vez más, más rincones. Asómate por aquí, entra por acá, gira en esta esquina, sube ahora esta escala. Ambos están enamorados y han perdido lujuriosamente los estribos. Uno propone y el otro descubre y se interna, no tienen límites. Ya no basta con leerse las palmas de las manos, ya no basta la intromisión poética, ya no basta tirarse la suerte en una encrucijada, el cara y sello de los callejones intravenosos.

Valparaíso es demasiado seductor, tiene muchas artimañas, está oculto y a la vez demasiado expuesto y se ofrece excesivamente, no tiene pudor alguno y el desafío se hace inalcanzable. Al final, Neruda se rinde, cae derrotado, se convence, toma en cuenta que no alcanza.

“Yo no puedo andar en tantos sitios. Valparaíso necesita un nuevo monstruo marino, un octopiernas, que alcance a recorrerlo. Yo aprovecho su inmensidad, su íntima inmensidad, pero no logro abarcarlo en su diestra multicolora, en su germinación siniestra, en su altura, en su abismo.”
(pag. 92)


A MODO DE CONCLUSIÓN

Subyugante experiencia esta, la de penetrar de la mano de los textos de Neruda en Valparaíso. La sensibilidad de la mirada del poeta nos dicta un camino a seguir, nos enseña a mirar, a descubrir. Nos dice: Si yo puedo, tú también puedes. Solo debes abrir los ojos y el alma, no sólo para ver lo que todos ven, lo evidente, sino para que el propio lugar te tome de la mano, para que tu alma se vea invadida. Solo así podrás ver los fantasmas, las pisadas, soñar sueños de otros, vestir sus ropas, habitar sus casas. Cada lugar, cada ciudad del mundo, es un libro abierto esperando ser leído. Merecen ser caminados con devoción de Neruda, de poeta, con dedicación de busquilla entrometido.

Mientras se revisa este texto dedicado a Valparaíso, uno puede salir a caminar y transgredir lo puramente cotidiano. La lírica de Neruda es demasiado fuerte como para que deje indiferente y uno termina cediendo a la literatura.

En este final me quedo suspendido en la cuerda floja, en el vaivén del texto, en una subida por ascensor suspendida...

Leo Silva

jueves, 13 de agosto de 2009

Where are you from ??


Ya saben que me gusta provocar el cruce de culturas. Me encanta cuando pones a dos culturas en una situación cotidiana y puedes presenciar los resultados de la experiencia.

Este contacto en un circuito turístico provoca las primeras sorpresas y en algunos casos los primeros pequeños choques culturales que no llegan a ser traumáticos para el que los sufre, porque se encuentra en un estado positivo, completamente permeable y abierto a lo inesperado. El humor se transforma en el mediador que negocia en buena forma este cruce, traduciendo todo a una gran experiencia multicultural.

En mi caso, mis pasajeros deben adecuarse a nuestras “muy particulares” formas y modos en que hacemos las cosas y enfrentamos nuestro cotidiano. Gran parte de mis recorridos por Valparaíso los hacemos caminando y vivenciando la ciudad y ello te somete a no ser un simple observador, sino que, a participar y a mezclarte y, más temprano que tarde, algo sin duda alguna sorprenderá tanto a unos como a otros. El choque cultural es una constante de los circuitos “in side” y es el momento en que puedes detectar que pequeñas cosas se pueden transformar en un gran evento o en algún efecto vertiginoso.

Todo puede volverse una atracción turística o un cruce cultural y esa es la parte más interesante. Para nosotros, por ejemplo, es normal, y no nos cuestionamos la velocidad en que se suele conducir en el transporte público. Es más, mientras más rápido mejor y todos andamos en una vorágine de velocidad, de frenadas, de esquive, etc. Por suerte aún respetamos los pasos de peatones. Cómo sea, esa es nuestra forma, así lo hacemos, bien o mal es como somos.

La Avenida España es pista de carreras para nuestros chóferes de micros. No me había dado nunca cuenta de lo que podría suceder si subía a un grupo de más de 15 pasajeros extranjeros a un bus de la ciudad, considerando que en sus ciudades la velocidad máxima dentro de los cascos urbanos es de 50 km. por hora. En Chile también lo es, solo que nadie toma cuenta de este detalle. Cuando el bus parte, inmediatamente se agarran de los pasamanos y comienzan las risas nerviosas y las miradas entre ellos. Una vez un alemán me dijo al bajarse del bus. Este quién es??? (por el chofer) Schummacher???

Justamente una de mis mejores experiencias en un bus público sucedió en el famoso bus “O”, ahora bus 612. Una situación en que el humor apareció suavizando un momento, sino del todo incomodo, digamos que un poco inusual para todos los que la vivieron.

Venía con un grupo de holandeses desde ascensor Polanco. Ya era pasada la hora de salida de los escolares en días de septiembre. Atravesamos a la Av. Argentina para esperar el transporte que se demoró en llegar y ya había bastantes estudiantes en la parada. Nos subimos todos. Los míos eran más de 15 pasajeros subiéndose a un micro bus (se llaman micros porque son pequeños) que ya estaba bastante lleno. Todos apretujados adentro, acomodados lo mejor que podíamos, repartidos, apretados y encogidos.

Los buses que circulan en Valparaíso están diseñados para un promedio de altura que corresponde al chileno, es decir, un metro y setenta de altura. Los holandeses tienen un promedio de un metro y noventa centímetros de altura. Viajan literalmente agachados. Todo esto para ellos no es gran problema, ni el bus repleto, ni su altura, ni que deben moverse constantemente para atrás, estar piel con piel entre ellos y los locales y para dar más posibilidad a que el bus tenga aún más pasajeros. Para los extranjeros todo esto conforma una gran aventura. Es América del Sur y ellos están en medio de este continente y su cultura mágica.

Estábamos en medio de todo este apretuje y los locales, que aún no se acostumbran a tanto gringo junto, estaban pendientes de las reacciones. El conductor lucía como el típico chofer de buses de Valparaíso; en manga de camisas, sudoroso por el calor, moreno, un hombre rudo. De pronto y al percatarse que tenía una hermosa holandesa tan cerca, muy seguro de sí mismo y con una soltura impresionante, mientras conducía le dijo:

.- Where are you from??

Ella, medio sorprendida, respondió

.- I’m from Amsterdam

Chofer: Really??? I know Amsterdam and also Rotterdam. I’ve been there many times....

Todo el mundo en el bus se sorprendió. Holandeses y en especial los chilenos: Un Chofer de micro que habla inglés???

Aunque el impacto fue total, no es nada de extraño en Valparaíso, que es un puerto y en donde muchos han sido marinos mercantes que han recorrido varios países y puertos en el mundo. Suelen hablar Inglés, italiano, griego y hasta un poco de ruso.

Inmediatamente los chilenos comenzaron las tallas y bromas al respecto; “Cacha loco, el chofer pah pulento, habla inglés”. Quién quiere practicar “lenguas” conmigo???...

Los holandeses también comenzaron a hacer sus bromas entre ellos. Todo el recorrido transcurrió entre chistes en distintos idiomas, todos se reían, Unos se daban cuenta que los otros hacían bromas y eso los alentaba a seguir y el efecto pasaba a también a la inversa.

Cuando nos bajamos en el paradero de Av. Alemania más próximo a La Sebastiana, todo el bus se comenzó a despedir de mis pasajeros; Bye, bye. Señas de adiós y buena suerte tras las ventanas del bus. Mientras que los holandeses replicaban desde abajo haciendo señas, despidiéndose de sus amigos chilenos; Chao, chao.

Fue una tremenda experiencia para ellos, lo comentaron a lo largo del día. Tuvieron un feed back, una retroalimentación, una respuesta amigable, se sintieron parte, no solo visitantes, no turistas, sino que habitantes, distintos y al final similares.

Para mí, fue una experiencia surrealista. Todos se rieron y lo pasaron muy bien, todos hicieron bromas y chistes y, en realidad nadie entendió nada de lo que se dijeron…

…o entendieron???

Leo Silva

lunes, 27 de julio de 2009

Temporal

¿Hace cuánto que no tenemos un buen temporal??

Quiero decir, uno de aquellos con norte claro y sur oscuro, con el viento soplando, primero suave desde el norte, cubriendo de olor a mar toda la ciudad, para después desatarse en tormenta, en especial de noche, con truenos y relámpagos. Lluvia interminable que duraba semanas, tormenta que se detenía para después continuar con mayor ferocidad. Volando techos, haciendo crujir vigas, el agua golpeando en las ventanas. Las calles convertidas en ríos y las escaleras en cascadas.

En lo personal, extraño mucho esos temporales infinitos. Recuerdo que la temporada de lluvias comenzaba casi en mayo y se extendía hasta agosto y algunas veces hasta septiembre. Extraño sentir la precariedad de la ciudad sometida a la naturaleza descontrolada de la lluvia. Muchas veces me parecía que la ciudad estaba viva en medio de la tormenta. Era como si Valparaíso despertara de un sueño, era ver la ciudad convertida en un barco que las olas mojaban en su embate incansable, era verla danzar y moverse a merced del viento y la lluvia. Algo de ese puerto viejo, marinero, piratesco, despertaba en esos días de temporal.

De niño tenía un ritual cuando podía sentir los indicios de la tormenta. Como todo habitante de la ciudad, el olor a mar, las tonalidades del cielo, aquella sensación en la piel, la temperatura indecisa entre frío y tibieza, el sonido del tren más cerca que lo común, pues el viento desde el mar acerca los sonidos de la ciudad a los cerros, todos aquellos signos evidentes que aprendemos a traducir y a comprender; el temporal se acercaba inevitablemente. Corría entonces a buscar un libro: Moby Dick de Herman Melville. No era mío, era de mi hermano mayor, sin embargo le sacaba este libro viejo de páginas amarillas y quebradizas para salir corriendo con él a un cuarto en el alto de mi casa paterna con vista al mar. Una pieza solitaria sin conexión interior con la casa, sometida absolutamente al viento. Estar ahí era estar en el medio del temporal. No solo sentirlo y vivirlo, sino que hacerse parte de esta fiesta de viento y lluvia.

El cuarto estaba amoblado y tenía un escritorio y una cama. Me tendía en ella y me cubría para leer Moby Dick y tener la banda de sonido perfecta para su aventura: El viento y la lluvia.

Alucinaba, sencillamente alucinaba, en especial cuando leía las líneas sobre Ahab, el capitán del Pequod que soñaba con vengarse de Moby Dick, en uno de sus viajes había escupido en el cáliz de una iglesia en Valparaíso. Wow!!! pensaba, y yo estoy aquí mismo.

Me encantaba detener la lectura calculando el momento cuando los barcos cargueros saldrían a capear el temporal mar afuera. Era en ese momento cuando podía calcular el tamaño de las olas en comparación con los grandes barcos que salían metiendo su proa en el mar, sumergiéndola para sacarla nuevamente entre la espuma blanca. Me dormía arrullado por el sonido de la lluvia y del viento con aquel libro entre los brazos.

De noche, el temporal podía darte aun más una sorpresa trágica si despertabas en medio de la tormenta sintiendo la sirena de algún barco. Podías suponer que alguno de ellos estaba en problemas en medio del mar y que los remolcadores de seguro lo estarían empujando o tirando, tratando de evitar lo inevitable. Que el mar lo sacara cual cajita de fósforos a la playa, o lo montara en alguna roca encallándolo. El Naguilán, el Algarrobo, la barcaza Águila, el Rostro, el Río Rapel o el último de ellos, El Avon, serían algunos de los que terminaron en el sector de muelle Barón o caleta Portales.

Cómo extraño un buen temporal en Valparaíso. Correr por las calles saltando el agua convertida en río en las calles en bajada, llegar a un mirador o a la playa y abrir los brazos para ser abrazado por el viento, la costanera y jugar a arrancarse de las olas que golpeaban la orilla en una explosión blanca de agua y sal, estar en medio de esa aventura cinematográfica, emocionante, real y terriblemente trágica.

Cómo extraño una buena tormenta en Valparaíso. Quiero zozobrar, naufragar en medio de viento y mar.

Leo Silva

domingo, 12 de julio de 2009

Contrapunto


A la hora de viajar, no soy un pasajero que contrate muchos servicios de turismo. Aunque eventualmente lo hago para ver cómo se afronta la actividad turística en otros lugares, en especial City Tours. Mi manera ideal de visitar un lugar incluye muchos mapas, información del transporte público, líneas de metro o la mejor experiencia que el lugar pueda ofrecerme, y eso significa para mí la mayor posibilidad de encuentro con la identidad del lugar.

Experiencia es la palabra y es el concepto más importante que un sitio y alguna actividad relacionada nos pueda brindar. Es más que estar en un hotel sentado en la piscina y bebiendo un trago. Justamente todo está sucediendo afuera. Las ciudades y lugares tienen su vida, sus rincones, su propia cultura local digna de conocer.

“…Yo quiero beber algo en el bar al cual tú vas”, me dijo una vez un pasajero en uno de mis circuitos. Él tenía muy claro que ésa era la manera ideal para experimentar el verdadero sabor del lugar y sus experiencias más tradicionales, aquella que le haría decir, yo estuve ahí, yo fui parte, yo lo viví.

En el caso de las ciudades, experimentar el transporte público es una de estas grandes aventuras, en especial por la sensación de perderse, de no saber muy bien si se llegará a destino, y porque en el trayecto, se está piel con piel con la gente local. Se puede oír sus conversaciones, su particular acento y sus expresiones cotidianas. Y si este transporte público es inusual, extraño, frágil y además se va adentrando en intrincados callejones o simplemente sube y baja, entrometiéndose entre ventanas y balcones y la intimidad expuesta de la ropa colgando, se transforma inmediatamente en una gran experiencia a vivir.

Aunque los porteños creen que sus ascensores son únicos en el mundo o que no tienen su símil en otros lugares, se equivocan grandemente. Es evidente que son únicos en su forma, sin embargo hay varias ciudades en donde existen similares. También hay ciudades que muy de cerca se asemejan a Valparaíso. Por supuesto estos lugares y sus ascensores se convierten en eventos para vivir y registrar.

Lo invito a que vea el siguiente video.

Recuerdo que una vez le mostré este video a un amigo y me preguntó, qué parte de Valparaíso era ésa que no la conocía.

Impresionante esos elevadores funiculares de Lisboa que son tripulados pero que, sin lugar a dudas, son primos de nuestros ascensores. Si vemos el video de nuevo y lo vamos degustando paso a paso, descubriremos ciertos detalles que no nos son tan ajenos.

Lo primero que salta a la vista es el graffiti o tags con que el ascensor está rayado. No sé a usted, pero para mí le aporta un sentido de realidad tremendo. Es que no quiero visitar lugares en donde todo esté tan limpio, tan preparado, tan aséptico, tan bendito. Quiero visitar lugares con carácter propio. Quizás por lo mismo el metro de Bs. Aires (Subte), me pareció tan interesante. Muy urbano, muy usado, vivo.

Me encanta el detalle de la conductora del ascensor. Recuerdo inmediatamente que tenemos varias conductoras en nuestros trolleybuses y no puedo evitar hacer el paralelo de su recorrido y esta especie de fusión con un ascensor que da como resultado este “elevador lusitano”.

Lo otro es la calle o subida. ¿Almirante Montt???, ¿Cumming???, ¿Subida Ecuador???. Tan similar, las mismas casas, edificios, las barandas de contención a la izquierda construidas con rieles, la gente subiendo a paso cansino mientras los elevadores se cruzan en la calle por centímetros sumando, a esto que también toman curvas, pareciera que casi se van encima de las personas que caminan. Cuando la cámara gira, abajo, se puede ver un lugar que recuerda mucho a Plaza Aníbal Pinto.

Por favor, ponga play en el siguiente video.


El ascensor Florida que sube y baja entremedio de las plantas, escaleras, mientras se revela la ciudad abajo. Muy interesante la toma, cuando en medio de un pasaje, entre las casas, se puede ver pasar al ascensor subiendo. La llegada arriba en la fragilidad de las latas a la derecha y los palafitos sosteniendo las casas en la orilla. La impresionante bajada a la ciudad, escaleras a la izquierda y el otro ascensor que se viene de abajo. Un puentecito que cruza sobre el viaje mientras el carro suena completo y cuesta sostener la filmación. Al pozo abajo hasta que la señora abra la puerta.

Sin duda alguna el contrapunto se hace muy interesante.

Lo invito ahora a un recorrido mágico poniendo play al siguiente video.


Las calles empedradas con rieles y las curvas imposibles. El conductor da el vuelto mientras se espera a que aparezca el otro tranvía allá al fondo sorpresivamente desde la izquierda. Hay que esperar porque la doble línea se transforma en una sola. La callecita a la derecha y la punta en “Crucero” de la esquina. Los peatones hacen el quite y se ponen a resguardo de la pasada del vehículo en el callejón. Autos estacionados y la ropa tendida en los balcones.

Genial video de un tranvía en Lisboa que nos muestra un barrio que bien podría estar en el cerro Bellavista de Valparaíso. Podemos apreciar ahí los mismos detalles que aportan el carácter de la ciudad, los mismos guiños a nuestra cultura laberíntica.

Sigamos con el contrapunto viendo el siguiente video


Encajonada subida entre las calaminas y las ventanas mientras se deja abajo un par de puertecitas y la ciudad comienza a aparecer. La sonajera de las latas del ascensor, la avenida con los autos estacionados arriba. La gran vista de la ciudad y el mar finalmente.

Son tres funiculares en Lisboa y un ascensor, el Santa Justa. Además de una red de tranvías.

En Valparaíso son 14 funiculares y un ascensor, El Polanco, tan diferente a su hermano de Lisboa, pues allá no hay un túnel de acceso y en el de acá no se llega a una cafetería.

De los ascensores porteños tenemos varios con problemas y detenidos casi a perpetuidad. Los otros en su mayoría se debaten funcionando sólo en los horarios de mayor movimiento y cerrando el resto del día y los fines de semana. Justamente los dos ascensores de Valparaíso que aparecen en estos videos, abren algunas horas al día. Son sólo unos pocos los que funcionan con horario continuado y los que se han reacondicionado para la actividad turística. Sin embargo, el viajero que llega a Valparaíso busca los funiculares más escondidos, los más reales, aquellos en donde no pueda ver a otros turistas y en donde sienta que penetró a un lugar absolutamente local, un lugar que descubrió por si solo o con alguien que acertadamente se lo mostró.

Es una gran suerte contar con nuestros ascensores y sería un gran acierto trabajar muy duro para ponerlos a todos a funcionar a la brevedad. Deberían ser la prioridad para sus administradores y que cada vez que alguno de ellos presente algún problema, inmediatamente deberían existir cuadrillas de técnicos reparándolos.

Son, por sí solos, un tremendo atractivo turístico. Podrían ser elevados a símbolos de la ciudad. Se debería potenciar aun más en el marketing de Valparaíso como un enganche persuasivo.

Al igual que Lisboa, Valparaíso es una ciudad con carácter, con encanto, no para el turista, sino para el viajero que quiere empaparse de una cultura diferente. Aquel viajero que va con su handbook en la mano, con su Lonely Planet en la mochila, muchos mapas en los bolsillos y el deseo de vivir su experiencia y decir…

… yo estuve ahí.

Leo Silva.

sábado, 27 de junio de 2009

El Bendito Maldito Mall


De entrada una revelación que puede que sorprenda a más de uno.

Yo, Leo Silva, porteño a ultranza, no estoy del todo en contra del Mall de Puerto Barón.

Si no se ha caído el cielo o si la sorpresa de esta afirmación no lo ha llevado a una condena rápida (en Valpo. es políticamente correcto estar en contra del Mall), podrá ver las razones del por qué de esta afirmación.

Siempre que se habla de este tema, los argumentos que se levantan en contra tienen relación con el movimiento comercial de Valparaíso y lo mal que le haría a su pequeño comercio contar con tan tremendo competidor. Un Mall lleno de tiendas y de ofertas, un gran centro comercial. Sin embargo, este argumento siempre me parece insuficiente, pues desconoce el real movimiento comercial que la ciudad posee hoy día.

A pasos de donde se encontraría el proyecto Puerto Barón, en el mismísimo nudo Barón, en un búnker color amarillo, se encuentra el supermercado Jumbo Easy, Almacenes París y tiendas La Polar. Esto significa que en un solo lugar tenemos dos tiendas por departamentos dirigidas a dos segmentos distintos, un supermercado y una mega ferretería. Justo al lado, en lo que antes era el lugar que ocupaba el mercado persa, se está construyendo un edificio que considera una loza con una galería comercial… otra más!!!!

Si un Mall o Shoping Center es un centro comercial que reúne varias tiendas de distinto tipo en un solo lugar… Por favor!!! Si no tenemos ya un Mall en ese sector, que alguien me diga qué es entonces.

Y no es el único lugar en donde se encuentran tiendas que ofrecen ofertas y donde puedes pagar con crédito. El área de Plaza Victoria tiene dos tiendas por departamentos, Ripley y Falabella, sin contar con una gran cantidad de supermercados y farmacias que hoy día brindan una oferta variada también. Entonces, que no se diga que el mall vendrá a desbancar al comercio local, pues desde hace mucho que existe mercado suficiente al que se debe culpar por este hecho. El Mall solo se viene a sumar a este fenómeno.

¿Y el comercio local? No lo veo saludable, pero lo veo activo. La calle Victoria y Pedro Montt, paulatinamente se han ido posicionando como un sector de tiendas de ropa juvenil. Una especie de fashion barato, al alcance de la mano y de cualquier bolsillo. Algunas veces puedes encontrar ahí bastantes prendas de moda y a buen precio, mientras en Viña del Mar, en calle Valparaíso, las tiendas tienen una o dos de esas prendas, bastante más caras, sobre el pretexto que son exclusivas.

Y existe el otro comercio, el de la picada, que solo los locales conocemos y en donde “dateados” adquirimos lo que en un Mall es muy difícil de encontrar: arrollado de huaso, longanizas de Chillán, embutidos varios, y también sombreros de calidad.

El proyecto de Puerto Barón me parece interesante, pues como proyecto de revitalización de un espacio público se me asemeja mucho a Puerto Madero en Bs. Aires. El mismo fenómeno de un sector del puerto obsoleto por poca profundidad, que quedó abandonado por mucho tiempo y se recuperó transformándolo en un gran paseo público y un sector de desarrollo turístico impresionante. Sólo una cosa tiene ese proyecto que se echa mucho de menos en su símil de Valparaíso. En Puerto Madero se ocuparon los mismos viejos edificios de bodegas y se recuperaron como hoteles y restaurantes. No se construyó ahí un mall cuadrado y de acrílico.


El celo de recuperación en Bs. Aires se puede apreciar en muchos lugares. En especial en el Rosedal, en donde se recuperó todo el parque y sus instalaciones siguiendo la misma línea que tenía anteriormente: maderas trabajadas, glorietas, todo. Aún más, se instalaron letreros de materialidad resistente al clima y a los transeúntes con información sobre esta recuperación. Cuando uno pasea por el sector, también se informa de todo el proceso, y una sensación de respeto por los argentinos y su cultura se instala en el alma.

En este punto es donde tengo mis mayores problemas con el proyecto de Puerto Barón, su arquitectura. A Valparaíso se le está intentando posicionar en el circuito turístico internacional como un destino de interés histórico. Su amalgama de vieja arquitectura y potente identidad es uno de sus más importantes atractivos. Entonces debemos cuidar y debemos ser celosos con este concepto. Justamente porque el futuro del atractivo turístico está en juego.

No hay que confundirse a este respecto. Valparaíso no es Viña del Mar!!!!

Viña del Mar cometió el error de destruir todo su patrimonio convirtiéndose en una ciudad X, un lugar que puedes ver en cualquier parte. Muy interesante para chilenos en busca de una versión de Miami, pero sin ningún atractivo para pasajeros extranjeros. Los europeos constantemente me comentan este hecho.

Ya en Valparaíso, un error enorme se cometió con el edificio de la compañía Gas Valpo, en donde hoy se encuentra el grandioso y horrible búnker amarillo de Jumbo Easy. Se dejó parte de la fachada del edifico original, pero con tan poco gusto que ni siquiera se tomaron la molestia de continuar la línea arquitectónica en el frontis, quedando un extraño y poco sutil adefesio sin armonía alguna.

Crece otro monstruo justamente al lado y ya se puede ver su gigantismo cuadrado, vidrioso, moderno, fuera de línea. Aun más terrible porque amenaza la vista de uno de los miradores más hermosos de la ciudad. el Mirador Diego Portales en Cerro Barón. No podemos detener el progreso, pero tenemos que exigirle a este progreso que haga lo posible por calzar dentro de la estética de la ciudad.

Material de investigación no falta. El barrio del Almendral es un compilado vivo de estilos arquitectónicos que pueden ser citados a la hora de construir algo.

Hay Bauhaus (ver foto)

Art Decco (Ver foto)


Influencias Neoclásicas (Ver foto)

¿Por qué no diseñar un Mall que rinda homenaje a esas líneas arquitectónicas. O un diseño Pastiche que cite y fusione varios de esos estilos?????

Mucha señalética e información. Letreros explicando de dónde se tomó el antecedente para el concepto de todo el edificio. Fotografías mostrando los edificios existentes del mismo estilo y los lugares dónde se encuentran en la ciudad. Eso daría mucho vuelo turístico y cultural a la ciudad. Los extranjeros valoran mucho la información, están interesados en todo lo que es cultura y sobre todo en protección patrimonial. Si alguien piensa que vienen a la playa, está muy equivocado. Si quieren palmeras y playas se van al Caribe.

Uno de los edificios de Valparaíso que despierta curiosidad y discusión al respecto es el de la Compañía Sudamericana de Vapores, ex Naviera Grace. A algunos les encanta, otros lo odian; sin embargo existe el consenso de que existió una intención y eso ya es bien evaluado.


Otra de las discusiones bizantinas es el tema del Falso Historicismo. A razón, existen personas que dicen que hacer lo que propongo sería una falsedad porque ese emplazamiento no existió antes en el lugar y por ese motivo no tendría un correlato histórico. El ejemplo citado sería el Hotel restaurante Brighton de cerro Concepción, que no es una casa vieja sin embargo fue diseñada siguiendo el parámetro victoriano del cerro. El lugar lo tomó de la mano y su estilo se asumió inmediatamente como parte del paisaje, pero originalmente no estaba ahí.

Esta línea de pensamiento, anti falso historicismo, dice que se deberían construir edificios de arquitectura de avanzada, que tomen elementos que rindan un homenaje a la materialidad y concepto de la ciudad.

Un ejemplo de esto a mi parecer es el edificio del Instituto de Educación Superior Duoc. (Ver Foto)


Hay un guiño a la calamina suelta y oxidada. Diferentes planos que sugieren la fragilidad porteña, en especial en el uso de las maderas arriba. Diversos quiebres de ritmo que evocan el típico efecto de los distintos planos que se aprecia en toda la ciudad. Un total que asemeja un gran barco varado.


Interesante solución. Solo un pequeño problema. En mi caso yo tengo estudios de Diseño Gráfico y por mi formación puedo “leer” el edificio. Pero para el común porteño o visitante con ojo no entrenado no pasa de un edificio moderno en un área donde hay rica arquitectura de comienzos de siglo XX, como el palacio Polanco. ¿Queremos una ciudad que sólo puedan apreciar arquitectos??


Sin duda alguna el tema es apasionante. Solo que mientras lo discutimos al calor de una copa de vino o un café, los proyectos se siguen parando, cuadrados y brillantes, aluminio y acrílico.

No estoy contra del Mall, sin embargo creo que tendré que soportar en ese lugar otro adefesio cuadrado, otro espejito Kitsch.

Leo Silva.

martes, 9 de junio de 2009

La Estética De La Ruina


¿Cuantos de nosotros vivimos en los tiempos de gloria de Valparaíso?

Me refiero a comienzos de siglo XX

Imposible la respuesta a la pregunta. Entonces mejorémosla.

¿Cuantos parientes muy viejos tenemos que vivieron en esa época???

Si alguien tiene a uno todavía consigo, de seguro que debería sentirse tremendamente orgulloso de tal longevidad.

¿Cual es el punto?

Que ninguno de nosotros vivió o vio ese Valparaíso opulento, hermoso de hierro forjado, del barrio del Almendral como el barrio más hermoso y caro de Valparaíso; de ingleses, alemanes, italianos, franceses, entre otros, caminando y forjando el comienzo del comercio, los cuerpos de bomberos y todo aquello que distingue al Viejo Valparaíso y su época clásica de oro o la que estamos acostumbrados a citar, o la que hemos aprendido o recogido de las fotos antiguas o de las crónicas pasadas.

Nosotros, todos nosotros crecimos y nos familiarizamos con un Valparaíso derruido, destruido, cayéndose a pedazos, oxidado, dejado de lado. La larga época en que Valparaíso durmió el letargo de ser un puerto olvidado del pacifico sur.

Recuerdo la década del 70 y la Av. Argentina con un hospital Enrique Deformes (donde hoy está el edificio del Congreso Nacional) terriblemente ruinoso, cayéndose a pedazos, con mendigos durmiendo en su entrada principal. Toda la zona era un antro de vagabundos y borrachos entre medio de viejos edificios, viejos galpones, viejos cites, etc. Al otro lado de la ciudad lo mismo, con un barrio puerto en la decadencia plena. El sector de Av. España con todo el área de la Casa de Máquinas de Ferrocarriles del Estado que quedó abandonada con trenes, vagones, máquinas de todo tipo, todo detenido, todo suspendido, todo muriéndose, todo descascarándose. El sector de Caleta Portales y un viejo proyecto de “vía elevada” que quedó olvidado y que hoy es el paseo Wheelwright.

Decadencia y sordidez. No se me olvida que crecí en ese Valparaíso que así y todo era terriblemente atractivo. No es el mismo Valparaíso de hoy que ya luce bastante más alegre, más vivo, pintado, los colores volvieron, la ciudad de una u otra forma vive de nuevo.

Valparaíso siempre fue de la misma manera. Ya los cronistas antiguos comentaban sobre la precariedad de la vida en los cerros y algunos decían que no entendían cómo se podía llamar a esto el “Valle del Paraíso”. El último momento definitivo, el último golpe de gracia fue sin duda alguna la apertura del Canal de Panamá. Ahí fue cuando Valparaíso sencillamente pasó a ser olvidado y nos detuvimos en el tiempo y la ruina se instaló de ciudadana de la ciudad.

Mucho de esa sordidez, de esa ruina se quedó para siempre en el sentido estético del habitante de la ciudad, algo de ese desgano, de ese reciclaje, solo utilizar un viejo tarro y ponerle unas plantas adentro, cortar unas botellas y ponerle unos pescaditos, recuperar unas cajas y unas cabezas de muñeca y el armatoste o encatrado ya está listo.

En gran parte, mucha de la esencia visual de Valparaíso se encuentra justamente en esta Estética de la Ruina. Es muy difícil decirle a alguien aquí, qué es bonito o hermoso y qué no. De todas maneras, el concepto de belleza es muy difícil de definir. Sin embargo, si la belleza es tan particular, mientras se encuentre dentro de un todo y sea parte de ese todo, se encuentre integrada y traduzca además el concepto total, podríamos decir que estamos dentro de un sentido estético o de una percepción estética. Eso, Valparaíso lo cumple a cabalidad.

En este todo amontonado se pueden ver cosas como: casas decoradas con cajas y basura, letreros hechos de fragmentos de catre con cosas colgando, balcones imposibles y decorados alegremente con plantas dentro de pedazos de tambores cortados, trozos de calefonts que sirven de maceteros, juguetes viejos dispuestos alegres y divertidos, paredes surrealistas que desafían el ojo pues se van inclinando, calaminas que continúan viejas arquitecturas, etc.

El sentido de solución de problemas típicamente chileno, llamado “A la Chilena” es un complemento directo de este sentido de la Estética de la Ruina. Se puede apreciar muy bien en los mecanismos de las puertas de los ascensores de Valparaíso. Puertas automáticas hechas con fierros que mueven palancas que activan la puerta. Todo controlado desde la cabina del operador. No importa si se ve mal, si luce imperfecto, si no es del todo bello. Sin embargo funciona a la perfección por años y años.

Quizás por este motivo es que los habitantes de la ciudad somos tan apasionados por las ferias de las pulgas y tiendas o feria de antigüedades. Tenemos una cierta fascinación por lo viejo, por conservar, por amarrar el tiempo y no querer que se escape, por reciclar, por buscar una utilidad extra, una nueva función, revitalizar o simplemente adornar. Viejas patentes de seguros se convierten en unos cuadros preciosos, mapas viejos (se agotan rápidamente) decoran paredes. Las personas y uno mismo buscando con ojo curioso y experto, olfateando el lugar hasta encontrar ese tesorito, ese detallito que se sumará a nuestro propio montón, hermoso o no, de estética ruinosa.

La precariedad y fragilidad de todo va construyendo este andamiaje endeble que es Valparaíso, da la sensación que sacarás un palito y todo se vendrá abajo irremediablemente. Por suerte, la ciudad no tiene su talón de Aquiles. Varios terremotos en su piel y ahí está, nuevamente construida, nuevamente parchada, otra vez apuntalada, ruina sobre ruina…

…su estética y su esencia.

Leo Silva.