domingo, 7 de noviembre de 2010

Ascensor a balanza de agua – Cliff Water Railway Lift

Como bien sabemos, los ascensores de Valparaíso comenzaron a funcionar con un sistema de balanza de aguas. Esto significa que el carro superior era cargado de agua en un depósito bajo el carro mismo y sobre las ruedas, y por el simple contrapeso comenzaba a bajar y a traer el carro inferior hacia arriba. Una vez abajo el carro soltaba el agua y esta se bombeaba hacia arriba para ser utilizada de nuevo. Simplemente fascinante!!!!

Siempre quise saber o ver cómo era que funcionaba ese sistema. Si ya el de ahora me parece rudimentario pero funcional, no podía dejar de imaginármelo en alguno de nuestros ascensores.

Hace poco, guiando a un grupo de británicos, una pareja de bastante edad se me acercó y me preguntó si alguno de los ascensores de la ciudad funcionaba a sistema de balanza de agua. Les expliqué que ya no, aunque varios de ellos originalmente lo hacían. Acto seguido, me sorprendí pues no había tocado ese punto en mi información y les pregunté como sabían de este sistema. Ellos me comentaron que provenían de la ciudad de Folkestone en Inglaterra, donde hay uno de estos ascensores, igualito a los nuestros, pero que aún funciona a balanza de aguas.

Estos adorables pasajeros al final del tour me pasaron un papelito con la información para que lo buscara por Internet y… Por supuesto que lo hice.

Por primera vez pude disfrutar de ver cómo opera el sistema y ver en que estado se encuentra este elevador. Es muy hermoso y me hace recordar al Ascensor Barón

Disfrute del video

El “Folkestone Leas Cliff Water Lift” fue inaugurado el año 1888 (el del Cerro Concepción fue inaugurado el año 1883). Ha sufrido algunas modificaciones, el año pasado fue cerrado y reabierto este año restaurado (no renovado). Cuando fue cerrado, los ciudadanos de Folkestone se organizaron en una protesta, ya que se le considera parte importante de la infraestructura turística. Es el más viejo de los ascensores a balanza de agua y de los que han sido modificados a eléctricos de Inglaterra.

Vea más información Aquí...>>

Pero cómo???

Esto quiere decir que hay otros más???

Si, los hay. Con sorpresa me encontré con un listado de este tipo de ascensores ingleses y no solo en Inglaterra, sino que también en Quebec, Alemania, Portugal y otros lugares más.

Sin embargo, los primos “British” de los ascensores de Valparaíso, son bastante similares a los de nuestro puerto.

El “Lynton-Lynmouth Cliff Railway”

El “Lynton-Lynmouth Cliff Railway” de la localidad Británica de Lynton opera con sistema de balanza de agua desde el año 1890.

Lo que me parece interesante es todo el respaldo en Internet que lo acompaña. Un hermoso sitio web con abundante información y el reconocimiento de este elevador como un transporte y actividad turística. Tiene un restaurante en su parte alta y baños públicos. En su sitio se puede acceder a una visita virtual con videos y galerías en tres dimensiones. También me ha llamado mucho la atención toda la explicación de cómo funciona el ascensor. Todo aquí esta considerado un detalle de información turística. Ha existido la visión de considerar la información como un atractivo y un enganche.

Vea el sitio web de este "Lift" Aquí...>>

Hastings Cliff Railways, The West Hill Lift and “Bournemouth”

El “Hastings Cliff Railway, The West Hill Lift” fue abierto al público en el año 1891 y su maquinaria originalmente operaba en base a gas. Desde el año 1971 funciona en base a energía eléctrica. Tiene un hermano ubicado en la localidad de “Bournemouth” y se encuentra operando desde el año 1908 con energía eléctrica.

Vea más información Aquí...>>

“Saltburn Cliff Lift”

“Saltburn Cliff Lift” El Más antiguo a balanza de agua en Inglaterra operando desde el año 1884 (Concepción 1883) se ubica en la localidad de Saltburn by the Sea.

Vea más información Aquí...>>

“Scarborough cliff lift”

“Scarborough cliff lift” data del año 1873 y funcionaba originalmente con sistema de balanza de agua utilizando agua de mar y desde 1947 funciona con energía eléctrica. El año 1997 fue modificado para que funcionara de manera automática. En esta ciudad existen y operan 4 ascensores más: “North Cliff Lift”, “Queens Parade Cliff Lift”, “South Cliff Lift”, “St Nicholas Cliff Lift”

Vea más información sobre Scarborough Cliff Lift Aquí...>>

Todos estos ascensores de Inglaterra son considerados importantes atractivos turísticos. Esto nos da una pista de cómo podríamos manejar y administrar nuestros propios ascensores de Valparaíso. Cada uno con un sitio web con abundante información sobre sus particularidades. Cada uno trabajado como un atractivo turístico en sí mismo, desarrollando actividades alrededor de sus estaciones como cafeterías y restaurantes. La idea es que el ascensor funcione como una empresa y haga uso de su creatividad para sumar pasajeros a su ya cautivo flujo. Esto ayuda a mantener el ascensor en su natural actividad original que es el transporte de los vecinos de su sector.

Es curioso que no exista un enlace entre estos “Cliff Lifts” y nuestros ascensores porteños. Creo que esto se ha producido por el simple hecho de que en Internet, cada uno aparece con su nombre en inglés o en español, no produciéndose un cruce de palabras claves en las búsquedas por la red. Quizás este cruce pueda ser beneficioso, quizás pueda provocar un futuro encuentro entre administraciones. Quizás se puedan lograr alianzas para la retroalimentación de información como soluciones mecánicas, de respuestos, desarrollo de operaciones de marketing, encuentros de operarios, hermandad de ascensores.

También este artículo derriba el mito de que los ascensores de Valparaíso son únicos en el mundo y esto es una buena noticia, puesto que ya no están tan solos. Hay otros en muchos lugares y no solo en Inglaterra y esto es favorable, pues hay donde cruzar información.

Vea una lista de ascensores en el mundo Aquí...>>

La administración de nuestros viejos ascensores merece una nueva mirada. Quien se haga cargo de esta, deberá buscar la forma de mantenerlos y de potenciarlos, y saber que hay otras experiencias exitosas en el mundo es un gran hallazgo. También las hay otras en fracaso y si nos llegara a resultar exitosa la nuestra, se podría ir en ayuda de los otros viejos hermanos de nuestros “Cliff Lift”.

Siempre hay una oportunidad, siempre hay dónde buscar y dónde acudir. Se trata de tener la voluntad y las ganas apasionadas de conseguirlo.

Baja y sube. El ritmo vital de la familia de ascensores en el mundo.

Leo Silva

lunes, 1 de noviembre de 2010

Valparaíso Joya Abandonada - Reportaje Canal 13

Cuando comencé a escribir sobre Valparaíso, mi primera intención fue develar parte de la identidad de la ciudad a través de los relatos de mis constantes recorridos por ella. Una Mirada, un punto de vista, la sensación de la piel escrita para dar cuenta de la interlínea, del subtexto de los laberintos porteños.

Sin embargo, este subtexto me comenzó a mostrar otro tópico. Algo de lo que se habla casi en secreto y una pregunta creciente.

Leo Silva, qué pasa con el Patrimonio????

Qué pasa con los proyectos????


Se hace difícil obviar el tema. Pero se corre el riesgo de dedicar líneas y líneas a este asunto. Yo no quiero terminar por escribir un mantra, un rosario de artículos sobre este punto. Sin embargo, el tema del Patrimonio de Valparaíso y su cuidado se hace tan preocupante, que debería convertirse en “el tema más importante de la agenda porteña”, pero ya a un nivel de mesa de hora de almuerzo, a nivel familiar. Todos deberíamos tomar posición sobre esto.

Para no gastar más teclas del computador por ahora, e ilustrar ampliamente sobre esto, les dejo aquí el reportaje de Canal Trece, exhibido hace unos fines de semanas atrás.

Siéntese, acomódese, ponga play y, si al final del reportaje usted se indigna, quiero que sepa que está en todo su derecho.


Varias líneas del reportaje son estremecedoras:

“… Visita inspectiva realizada en mayo del 2010, los representas del Banco Interamericano de Desarrollo constataron que un 53% de los diseños en la cartera vigente a esa fecha no dará lugar a resultados concretos. En buen chileno: muchos estudios y pocas obras…”

Con respecto a los ascensores: “…el alcalde de Valparaíso nos adelanta que la situación podría empeorar aun más en los próximos días. Pronto sería cerrado el ascensor Artillería y el Ascensor Concepción…” (sic)

Con respecto al Patrimonio de la Humanidad: “…Unesco, que el próximo año vendrá a evaluar el cumplimento de los compromisos del programa de recuperación patrimonial de Valparaíso, sin embargo puede no ser suficiente…” (sic), “…es bastante probable que la Unesco exige ciertas medidas o sino, simplemente ponen a Valparaíso en listado de bienes en peligro de desaparecer…” (sic)

En lo personal, por primera vez algo me está dando vergüenza cuando hago mis circuitos turísticos en la ciudad. Mis pasajeros vienen entusiasmados por ver los ascensores de Valparaíso y vivir la experiencia de un viaje en ellos. Ahora, debo explicarles que la mayoría de ellos están cerrados. Uno tras otro van apareciendo y sin ninguna actividad.

Mis pasajeros sacan cuentas claras.

.- Es decir, que en la ciudad de los ascensores, no hay ninguno funcionando???

.- Pero cómo puede ser esto?? No es una ciudad turística y patrimonial???

.- Qué debo decir yo al respecto?? Se hace difícil asumir la irresponsabilidad y la falta de gestión.

Incluso algunos de los turistas están comenzando a pedir los mails de las autoridades para quejarse.

Como siempre, el gringo Todd Temkin, incansable luchador por Valparaíso, tiene razón cuando dice en el reportaje que reparar los ascensores daría un impacto mundial y mejoraría la imagen país.

Pero, por qué se cierran algunos de ellos que tienen buen flujo de pasajeros y por lo tanto no tendrían problemas económicos, argumento siempre esgrimido para justificar sus cierres de puertas???

Pareciera ser que estamos ante una batalla de presiones. El rumor que recorre las calles de la ciudad sería que La Compañía de Ascensores Mecánicos de Valparaíso desea vender casi la totalidad de ascensores que administra a la Municipalidad de Valparaíso. Por esta venta, ha puesto un precio altísimo.

La municipalidad desea comprarlos, pero no puede adquirirlos al valor impuesto. (En realidad, no puede adquirir nada, no tiene dinero)

Como una manera de presión, la Compañía de Ascensores Mecánicos le cierra ascensores a la municipalidad (y a Valparaíso) paulatinamente.

Esta versión como bien dije, es el rumor a voces que comienza a circular en la ciudad.

Pero de presiones y zancadillas, no solo comerciales sino que políticas en la ciudad, hay una fiesta. El problema es que quien queda al medio de esto es, justamente, Valparaíso, su patrimonio y su gente.

Por favor, lea el siguiente artículo de Gonzalo Rojas aparecido en el Mercurio de Santiago, que lleva por título: Valparaíso, víctima de dos males. (Cliquee acá…>>)

Al leer este artículo queda claro que Valparaíso navega dificultosamente entre las aguas de los juegos políticos. Cómo de costumbre, no se piensa en la ciudad y menos en el país.

El Forum Universal de Las Culturas, es una actividad que ya se la querrían tener otras ciudades del mundo. Cuando se realizó en Barcelona, la ciudad invirtió millones para potenciarla. En Valparaíso ha quedado abandonada a la pobre gestión que realizan las entidades a cargo. La información a la ciudadanía ha sido paupérrima; aparte de las presentaciones realizadas en Plaza Sotomayor, nadie tiene idea de que hay exposiciones y charlas. El objetivo principal del Forum de las Culturas es crear conciencia sobre la importancia de los espacios públicos para el uso cultural del mismo, la cohesión social y la calidad de vida de los habitantes de la ciudad. Sin embargo, paradojalmente, no ha habido una promoción abierta a la ciudadanía.

Era una oportunidad única, no solo para Valparaíso, sino que también para Chile, puesto que como país que busca integrarse a la comunidad globalizada, el desarrollo de su cultura y su patrimonio fortalece su identidad y la integra a la aldea global con un sello propio y distintivo.

Al parecer hay una gran ignorancia de parte de nuestras autoridades con respecto a estos tópicos: Identidad, Cultura, Patrimonio, Gestión eficiente, Globalización. Chile insiste en querer aparecer como un país global celebrando Halloween, sin embargo en lo que realmente importa para pertenecer a esta globalidad, la mirada a la propia cultura mediante la protección de su patrimonio y promoción de su identidad, no hay una visión política clara al respecto. Es la única manera en que se entiende la desatención a lo propio. Ignorancia!!!

Ante todo esto y existiendo planes de desarrollo promocional en curso, los llamados a poner estos temas en la conversación diaria somos nosotros mismos, los porteños.

Debemos ir con nuestro entusiasmo más allá de cantar con emoción “La Joya del Pacífico”. Debemos nosotros exigir que los proyectos patrimoniales se lleven a cabo, que los dineros se ocupen bien, que se vea a Valparaíso como lo que realmente es: Una ciudad que ostenta el título que tienen hermosas ciudades reconocidas como las más bellas del mundo: Florencia, El Cairo, Venecia, El Cuzco, Quito, Praga. Que los ascensores de Valparaíso son un evento como ir a conocer la Torre de Pisa, la de Eiffel, el Cristo Redentor de Río de Janeiro, Machu Picchu. Debemos convencer a los demás porteños para que exijamos que se hagan gestiones eficientes, para que castiguemos mediante el voto cuando tengamos que escoger autoridades y por sobre todo…

…para que le digamos a Chile que Valparaíso no debe ser un proyecto solo de Valparaíso, sino que debe ser un proyecto país de todos los chilenos.

Leo Silva

lunes, 11 de octubre de 2010

Desmanes Carnavalescos (La educación que nos falta)

Mi madre ensoñadora mira a la distancia y pesca un recuerdo:

La fiesta de la primavera… Era tan hermosa. La gente jugaba a la challa en las plazas y todos les tiraban a todos. En especial, si te gustaba alguien, para demostrárselo te acercabas y le tirabas un poco de challa.

De pronto su mirada se nubla:

Después la gente comenzó a tirar bombas de agua y no solo de agua. Ya no era el papel picado y las bromas se ponían pesadas. De ahí comenzaron los desmanes y la destrucción de las plazas. Un día la Fiesta de la Primavera fue suspendida para siempre, al parecer la última fue por ahí por los años 60’s.

Tomo El Mercurio de Valparaíso del domingo y mi vista también se nubla con la noticia de los desmanes después del Carnaval de los Mil Tambores. Será que estas fiestas están condenadas a seguir el mismo destino??

Me demoro bastante tratando de comprender el porqué la gente no cuida de sus fiestas, no cuida de los espacios ganados con tanto esfuerzo, no valora estos eventos y, en vez de participar, solo piensa en emborracharse y en destruir.

Curioso este comportamiento humano. Da muestra de un vacío intelectual, emocional y hasta espiritual, y me detengo a pensar: qué nos habrá llevado a este estado de estupidez máximo que termina por destruir las buenas intenciones de los gestores culturales que se esfuerzan por levantar sus iniciativas, para que al final terminen siendo involucrados en actos completamente repudiables???

Distintos factores vienen a confluir en el desastre vivido en la última versión del Carnaval de los Mil Tambores. Pero una cosa sí tengo bastante clara. La organización de esta fiesta hizo todo lo posible por alejarse de este caos que se ha vuelto una constante en las últimas actividades de este tipo realizadas en la ciudad.

El factor “público masivo”

Sin duda alguna, cuando se planean estas actividades públicas se debe tener en cuenta de que se tendrá una gran cantidad de asistentes y que, dada la naturaleza de la fiesta, su entusiasmo podría desbordarse. Este público se convierte en masa y actuará y hará lo que la masa haga. Si la masa baila, bailará. Si la masa bebe, beberá y si la masa destruye, destruirá. Lo que haga uno, validará lo hecho para los otros.

No hay mayor sicología para analizar la masa. Puede ser cualquier persona que, en medio y formando parte de este grupo numeroso, pierda su identidad, se sienta liberado, potenciado y validado. Muy similar a lo que sería una estampida de animales salvajes. Así de duro y simple.

Por lo tanto, hay que tener un gran cuidado con el cómo se maneja este efecto masivo. Hay que pensar antes en cuáles son los estímulos que podrían desatar su reacción que, en lo general, podría ser irracional.

Lea el siguiente comentario dejado en Youtube en un video de los desmanes ocurridos después del último carnaval en la ciudad:

“…Wn, debiste grabar cuando los pacos llegaron a cumming pegandole a todo el mundo solo por estar carretiando alli, los disturbios empezaron por eso. Se supone que la wea era un carnaval, se entiende que la gente se ponga a chupar en la calle, eso no es motivo para reprimir con la brutalidad de la que hizo gala carabineros, y que solo consiguio dejar la crema en el centro. Pesimo prosedimietno policial, de no ser por carabineros, no habrian habido disturbios…” (sic)

Una de las formas con que se combate este efecto masa es la educación. Si se promueven individuos con un alto índice de identidad particular y conciencia propia, con un gran sentido de libertad propia y de respeto basado en la máxima de “mi libertad termina donde comienza la tuya”, estos propios individuos actuarán como catalizadores de lo que se debe y no se debe hacer. Entenderán la libertad no como el permiso para hacer lo que se les venga en gana, sino como un espacio en donde la ejercerá de manera responsable.

El factor “alcohol”

Al parecer, uno de los efectos que provoca la masa es la liberación de las inhibiciones, pues estando en medio uno queda cubierto, se hace parte y el anonimato lo cubre.

Si a este simple hecho se le suma otro desinhibidor como el alcohol, se estará potenciando este efecto, y en un grupo que da muestras de no saber manejarse en espacios de libertad podría resultar simplemente devastador.

Por este motivo, si se sabe que se contará con una gran afluencia de público a un lugar, se hace absolutamente necesario accionar las medidas para prevenir los sucesos lamentables.

Accionar y no reaccionar es la regla de oro. Si se acciona, se busca los medios para no seguir aportando los estímulos que hagan que la masa se vuelva incontrolable.

Prohibir la venta de alcohol antes y durante la actividad. Cerrar los puntos de venta, fiscalizar que esto se lleve a cabo de manera efectiva. Vigilar la venta de alcohol clandestina y neutralizarla.

Todos los que hemos estado en medio de estas fiestas públicas y masivas en Valparaíso, sabemos muy bien que se vende cerveza clandestinamente entre la gente. Las botillerías siguen abiertas y se encuentran llenas de gente comprando alcohol. No hay fiscalización si los que compran son mayores o menores de edad y para el caso, da lo mismo porque la masa no tiene edad.

El factor “policiaco”

Esto es delicado porque el accionar de Carabineros transita entre los puntos; disuadir por acto de presencia, reacción si se viola la ley y represión si se efectúan actos reñidos con el orden público.

Si la masa se comienza a descontrolar, Carabineros tendrá que intervenir. Es su trabajo. Así suele hacerlo. Si ve que hay gente bebiendo en la vía pública, lo que está prohibido, lo hará; si el grupo es numeroso, intervendrá con toda su fuerza de manera represiva.

El problema es que esto potencia el efecto. En vez de disuadir mediante la fuerza, provocará una explosión de la masa que al notarse en superioridad numérica y, contando con el anonimato que la masa proporciona, contra atacará y al no poder acertar en su objetivo, desahogará su frustración masiva con lo que tenga a su paso.

Es mejor accionar y no reaccionar. No se necesita ser un experto en inteligencia y logística del FBI para saber que en estas actividades callejeras, la masa se reúne en dos puntos de la ciudad: Bellavista con Blanco y Plaza Aníbal Pinto, en Cumming con Almirante Montt. Sería bueno reforzar con anterioridad efectivamente la presencia policiaca en esos puntos.

Actividades culturales y Valparaíso

Valparaíso necesita actividades que le aporten un “qué hacer” en la ciudad. No solo desde octubre en adelante, sino que todo el año. Toda ciudad que comienza a ser turística aprovecha este hecho para potenciar actividades, pues significan público que vendrá a la ciudad, que se hospedará en la ciudad, que comerá en la ciudad, que gastará en ella. Es un simple hecho de objetivo comercial. Valparaíso necesita dinero, entre otras cosas para cuidar su patrimonio. Si usted no lo sabe, es bueno que se entere, Valparaíso posee una municipalidad en constante estado de quiebra financiera. Por ese motivo le resulta tan difícil enfrentar tareas tales como cuidar de los ascensores. No importa el color político de su alcalde. Quien quiera que asuma ese cargo se enfrentará al simple hecho de que no tiene dinero para realizar las múltiples tareas que se le vendrán por delante.

Aún más. Se necesitan de estas actividades para potenciar el concepto de “Ciudad Cultural”

Si lo observa bien, se dará cuenta de que en la ciudad se han impuesto dos conceptos muy potentes: “Ciudad Patrimonio de la Humanidad” y “Ciudad Capital Cultural”. Para mí, esto es prácticamente un regalo. Cualquier ciudad del mundo se soñaría poseer ambos nombramientos.

Ambos son conceptos fuertes a nivel de marketing de ciudad. Pero no subsisten por sí solos. Hay que potenciarlos, mostrarlos, trabajarlos constantemente y aprovecharlos como plataforma para crear más y más eventos, durante todo el año y sobrepasar la estacionalidad alta y proyectarse a la baja temporada. Aquí no se hace un turismo playero. No es necesario el sol para venir a Valparaíso.

Entonces, contar con gestores culturales que crean actividades masivas en la ciudad y que las han llevado a cabo por mucho tiempo exitosamente, es prácticamente otro regalo.

Ya no hay festival de jazz en la ciudad. El que había tenía grandes problemas de producción, mala publicidad, una parrilla pobre y simplemente desapareció.

El festival de cine es casi críptico. Por su carácter de “Cine Patrimonial”, no resulta masivo y solo los entendidos asisten.

Cuando se realizan estas actividades, no veo pendones engalanando las avenidas de la ciudad, no veo un vuelo creativo publicitario agresivo y arriesgado. Cuando le comento a personas de Viña del Mar sobre “Valparaíso Cerro Abajo” o “Carnaval de Mil Tambores”, definitivamente no tienen idea de qué les hablo y me manifiestan su intención de que les encantaría venir. Si en Viña del Mar poca idea se tiene de lo que pasa en la ciudad vecina, en otros lugares como Santiago, San Pedro de Atacama, Patagonia, simplemente no se sabe nada y esos son justamente los lugares donde nuestro mercado está llegando.

Por ese motivo es tan importante tener gestores culturales. Hay que cuidarlos y trabajar con ellos para que sus eventos resulten. Hay que ir más allá de un estudio de factibilidad, hay que involucrarse.

Un gestor cultural crea un evento. Lo realiza y se preocupa de que todo resulte bien mientras este se desarrolla. Si muy posteriormente ocurren desmanes, no se le puede culpar por estos. Ahí esta fallando algo distinto.

A mi juicio, la última versión de Carnaval Mil Tambores fue completamente exitosa. Los organizadores decidieron moverlo del centro de la ciudad a los cerros justamente para alejarse de la posibilidad de que se produjeran desmanes durante su realización. Más aún, crearon un slogan manifestando esta intención. “Yo vivo Mil Tambores, yo cuido Valparaíso”. El evento partió a la hora y terminó aproximadamente a las once de la noche, sin presentar ningún problema durante su realización. El centro de la ciudad no se vio afectado en su flujo normal. La gente de los cerros sintió que se acercaba el carnaval a ellos. Un exitazo!!!!

Los desmanes se produjeron cuatro horas después de terminado este evento. Podemos realmente culparlos a ellos o responsabilizarlos por estos hechos????

Más aun, la organización decidió bajar parte de sus actividades para apoyar la intención de que los desmanes no continuaran. Lo que yo veo ahí es conciencia, intención y acción.

Por ese motivo, mi vista no termina de nublarse cuando leí las noticias de un diario local donde dice que los porteños piden que se termine con los eventos masivos. Las autoridades de la ciudad dicen que serán muy rigurosas al momento de dar una nueva autorización y que se corre el riesgo de que el próximo año no se autorice esta actividad.

Proponer terminar con estas actividades no me parece una solución al problema de fondo. Es solo esquivarlo de una manera simple. Es no comprometerse y no ser proactivo y es hacerse el trabajo fácil. Hay mucho por hacer en la ciudad y debemos avanzar tratando de solucionar los problemas y no simplemente huir de la situación.

En el caso del Carnaval Mil Tambores, esta versión fue la onceava. No es la primera vez que se hace y no se comprende que teniendo las experiencias anteriores más la de los Carnavales Culturales donde también han ocurrido incidentes, estos pareciera que sorprenden a las autoridades, como si fuese la primera vez que sucedieran.

No hay que asustarse, hay que inventar alternativas, como imprimir en blanco y negro y en papel barato información alusiva a proteger estas actividades públicas e invitando a no consumir alcohol en las calles recordando que por ley está prohibido y a qué penas se exponen los que lo hagan y a qué otras se exponen los que hagan desorden público y vandalismo. Esta información debería ser entregada por monitores que inviten a no beber y a cuidar la ciudad.

Tenemos, todos nosotros, un gran trabajo por delante para cuidar y proteger estas pocas actividades. Cuidar y proteger Valparaíso y quitarle el sino de “ciudad peligrosa”. Debemos ser proactivos y propositivos y sobre todo tratar de comprender los fenómenos y como estos se activan para vislumbrar soluciones efectivas. También debemos cuidar a nuestros gestores culturales. No los culpen de un vandalismo que sucedió horas después de terminado su evento, no los amenacen con cerrarles los espacios, aprecien su buena voluntad cuando hacen lo posible para promover una cultura participativa y no destructiva.

Cuidemos las pocas actividades que tenemos, no retiren los Carnavales. Al contrario, aprendamos de las experiencias, creemos aun más eventos, más conciertos, más festivales y publicitémoslos y valgámonos de ellos para potenciar la ciudad.

Eduquemos y culturicemos a las personas mediante campañas durante el año para que cuando se transformen en masa, sea una benigna y participativa y no borracha y destructiva como lo es ahora.

Leo Silva

martes, 21 de septiembre de 2010

Valparaíso Manoseado

Para comenzar, una anécdota:

Caminaba por cerro Concepción hace un año atrás con mi hija de 15 años. En un momento apareció un guía de turismo con su grupo frente a la Iglesia Luterana. El guía les indica a sus pasajeros la iglesia y les dice: En este momento ustedes están frente a la Iglesia Anglicana.

Mi hija: Qué demonios. Papá!!! Esa no es la iglesia Anglicana. Vamos, diles algo, corrígele, es un error.

Obviamente no lo hice. Mi ética profesional me impide intervenir en el trabajo de un colega por respeto, aunque esté en un error. También, el dato no quedará en el recuerdo de los pasajeros más allá del asiento de sus aviones.

Ahora la cosa cambia cuando se institucionaliza la mala información y la mirada liviana y aún más, esta aparece en un programa de televisión de cobertura nacional.

Observe el siguiente video.


Desde hace un tiempo que Valparaíso está de moda. Se realizan películas y documentales en la ciudad, sin embargo algunos de ellos se hacen sin una investigación previa. Este fenómeno agrede a los habitantes de Valparaíso. Esta mirada de ciudad recién descubierta, en muchos casos por los capitalinos, es ofensiva pues Valparaíso está en el mismo lugar desde 1536 y los porteños conocemos cada detalle de la ciudad.

No tengo idea si este programa “City tour”, dedicado a Valparaíso, ha salido al aire o cuándo fue su presentación. Es probable que meses atrás. Sin embargo, no es tarde para lanzar esta crítica y exponer algunos puntos de lo que me parece no debería volver a repetirse.

Resulta chocante, por ejemplo, que en esta sección del programa, subida a mi blog, los personajes; el académico y arquitecto Federico Sánchez y el animador y periodista Marcelo Comparini, vean un quiosco de información y circuitos turísticos local y comenten que les han copiado a ellos y que su programa es un referente. Acto seguido comentan el lugar desde plaza Aníbal Pinto en una fiesta de irregularidades de información con respecto a la Casa del dibujante Lukas la cual sitúan en el Paseo Yugoslavo siendo que se encuentra en mirador Gervasoni y el hotel Brighton sindicándolo como una recuperación de una casa antigua, cuando en realidad es una casa nueva construida siguiendo los parámetros victorianos del sector.

El quiosco mencionado pertenece a Franco Tours de propiedad de Jaime Lanfranco. Lo conozco y lo respeto. Lo he visto trabajando desde hace mucho tiempo en su empresa y su concepto y realizando sus tours con pasión y entrega.

No solo él. Ahí están varias compañías pequeñas que se han dedicado seriamente a recopilar información y prepararse acuciosamente para la entrega de esta. Empresas como Enlace Turístico y la decana de todos nosotros Bohemia Tours que trabajaba en la ciudad desde el tiempo en que Marcelo Comparini hacía sus primeras armas en televisión en el programa Extra Jóvenes.

Me parece curioso que un programa de televisión asuma el contenido sobre un tour por Valparaíso sin ninguna investigación preliminar. Más aun cuando uno de los animadores es un arquitecto que, por formación, debe privilegiar la investigación previa. Se entiende que el concepto del programa es liviano y entretenido, donde los protagonistas tienen un mayor foco por su desempeño que el lugar mostrado. Que la información dada no debe ser académica sino que llevadera y casi humorística, sin embargo me afecta esta liviandad de contenido.

Este fenómeno que se vive en la ciudad en donde muchos están llegando y algunos guiando sin tener mucha idea, en donde se privilegia una mirada liviana, en donde se habla sin tener un respaldo, suele violentar a los porteños que sí conocen su ciudad y los detalles que la han formado.

En Valparaíso hay muchos personajes que podrían haber guiado de manera entretenida y humorística y al mismo tiempo, aportando el detalle justo, la mirada precisa y el dato en consecuencia.

Samuel León, Ingrid Marín, el mismo Jaime Lanfranco, todos porteños, todos de Valparaíso, conocedores, informados, preparados, para quienes Valparaíso no es solo un anecdotario de cosas curiosas, sino que es un portento de identidad digno de verse y estudiarse para compartir esta información y fijar la mirada en el momento preciso.

Este detalle no es menor. A los porteños no se nos pueden cambiar las coordenadas. Nosotros conocemos nuestra ciudad. Un momento notable en este programa es cuando en Plaza Sotomayor el hiperventilado arquitecto comenta sobre el diálogo de estilos arquitectónicos del sector, pero no tiene idea si Arturo Prat está enterrado en el monumento a los héroes de Iquique y habla de un barco enterrado bajo el monumento. En ese momento hablan con un porteño transeúnte quien les explica en forma corta y precisa hasta dónde llegaba la línea de mar y aporta un grado de información veraz.


Es muy fácil venir a hiperventilarse a Valparaíso, de hecho a nosotros mismos nos pasa frecuentemente caminando a diario por nuestra ciudad, sin embargo nuestra pasión nos ha llevado a la investigación. Nos hemos tomado en serio el hecho de habitar Valparaíso.

Recuerdo hace un tiempo una serie de dibujos animados chilena sobre un súper héroe porteño “Gato”. También en esa serial aparecía esta mirada capitalina en donde se dibujaba un Valparaíso en donde el mar aparecía tras la iglesia la Matriz cuando originalmente está en frente de la iglesia y se nos dibujaban casas y callejones que para nosotros, los porteños, simplemente no era Valparaíso. También en esa oportunidad no se investigó, no se consultó, no se buscó a un dibujante de comics de la ciudad como Juan Carlos Cabezas “Jucca”, que es capaz de diseñar espacios realmente porteños con los ojos cerrados. Se hacen estos programas con la buena intención, pero no se nos considera y no se nos toma en serio.

Desde estos videos subidos al blog se puede acceder con un click sobre ellos al canal de Youtube donde se puede apreciar toda la saga de este programa referente a Valparaíso. En todos ellos las imprecisiones son descomunales, en todos ellos la mirada liviana pasa a dar cuenta de esta visión casi folclórica que se tiene de nosotros. Es tanto así que incluso el delicado tema de los ascensores es tomado sin ninguna información previa. (Véase el capítulo dedicado a la Av. Argentina y los trolleybuses). También en todos ellos me di el trabajo de aclarar la información dejando los comentarios pertinentes para tratar de simplemente completar en algo esta falta de rigurosidad periodística.

Lo único que queda en claro es justamente esta visión capitalina. Queda en evidencia como se nos ve y por lo tanto el porqué no se nos toma en serio. Hemos pasado a ser una curiosidad, un evento, caso de zoológico, donde todos van a ver las gracias del mono sin querer saber cuál es el espécimen que están observando.

La televisión chilena hace gala de poco contenido y todos los chilenos duermen en el Soma de la tontera televisiva. Saludan a sus protagonistas en la calle, los encuentran entretenidos, los felicitan por sus gracias, sin caer en cuenta de que no se les toma en serio y que se les manosean sus referentes sin la menor delicadeza de una investigación previa y seria.

A mi parecer pueden hacer lo que se les venga en gana con sus programas, sin embargo, cuando se trata de Valparaíso, me permito exigir más respeto. Por su historia, por ser una ciudad única en el mundo, por su identidad y por sobre todo, por su gente.

Les dejo para finalizar, un hermoso video de Pascuala Ilabaca.

Esto es Valparaíso

Leo Silva


viernes, 13 de agosto de 2010

La ciudad que se niega

En los comentarios de mi último artículo, el lector Jaime Morales desliza un concepto estremecedor que me parece digno de profundizar: “Valparaíso es una ciudad que se niega a sí misma”.

Lo cito: “…Valpo. es una ciudad que se niega a sí misma, se cierran sus ascensores, se construyen edificios que no van con ella…”

Aunque parezca un juicio duro, lo cierto es que existe una percepción generalizada y silenciosa que adhiere a este pensamiento. Hay una voz de alerta que se acrecienta y que busca poner el acento en una discusión del todo interesante.

.- De qué hablamos cuando hablamos de patrimonio?

.- Hablamos de fachadas de casas?

.- De coloridas edificaciones con interesante arquitectura?

.- Hablamos de ascensores y funiculares viejos y destartalados?

.- De barrios interesantes para descubrir caminando?

.- O hablamos de todo esto, y su ingrediente menos visual y más activo que es su propia gente?

Valparaíso es una ciudad con carácter. De eso no cabe ninguna duda. Todo el que la visita queda subyugado ante su poderoso atractivo; cuando se le pregunta a los visitantes, qué es lo que tanto les ha atraído o gustado o seducido hasta el punto de la emoción, todos dirán que es la gran mezcla, es la sorpresa del encuentro con lo inesperado y por sobre todo, es este gran carácter proporcionado por los habitantes de la ciudad que, aunque invisibles, se pueden percibir de manera notable.

Este es el punto; Valparaíso es un todo. No se trata de una maqueta de calaminas de colores. Se trata de una ciudad con una particular forma de vida, con un particular arraigo, con un sonoro silencio de habitantes que han aportado este carácter construyendo la ciudad casa a casa, calle a calle, barrio a barrio y cerro a cerro.

Aunque resulte obvio decir que una ciudad fue construida por sus habitantes y que son ellos los que le aportan su carácter, curiosamente es este el punto que más se olvida en Valparaíso a la hora de buscar el potenciamiento turístico de algunos de sus vecindarios. Los barrios son su gente. Si su gente se va, el lugar pierde su carácter, pierde aquello que lo hace tan particular y todo se estandariza en una escenografía snob de casas arregladas, de las que solo se conserva la fachada, convirtiéndolas en complejos de departamentos u hoteles o cafeterías.

Justamente, la belleza de Valparaíso y sus barrios radica en que no es “stándard”, es un lugar muy particular y esa es nuestra mayor fortaleza.

.- Entonces?

.- Quién niega la ciudad?

.- Sus propios habitantes?

.- O los proyectos de desarrollo turístico que buscan la estandarización de calidad comercial de un lugar?

Por favor. No me mal interpreten (Don’t get me wrong, please!) No estoy en contra de los planes de desarrollo para la ciudad. De hecho, he escrito anteriormente que me parecen bien. Solo quiero poner el acento en este problema, pues no es menor. Todos estamos envueltos en este proceso de “ensayo y error”, que es la búsqueda del desarrollo patrimonial ligado a los fenómenos de actividades comerciales que harán sustentable la economía local; pero no debemos olvidarnos de su gente y sus vidas ligadas a sus barrios. Justamente buscamos una mejora de la economía local proyectándonos hacia el turismo, porque queremos que esa mejora alcance a toda la población.

Conversaba una vez con gente del cerro Polanco. Me comentaban su preocupación ante los planes de desarrollo del sector, que lo ven como una zona de mucho potencial por su gran atractivo y su único ascensor (no funicular) que subyuga por su belleza e identidad.

“… no queremos que pase acá lo mismo que sucedió en los cerros Concepción y Alegre, en donde su gente, la tradicional gente que vivía ahí, terminó por irse, vendiendo sus casas que ahora son Hoteles y restaurantes…”

Es complicado. Lo cierto es que cuando se potencia un lugar pensando en convertirlo en una zona turística, la plusvalía de las casas se va a los cielos y la gente termina por venderlas pues el sector va pasando a otras manos y pierde ese encanto doméstico de vecinos conocidos. Llega gente de otros lados, compran casas que utilizan para los fines de semana y cuando llegan, ahí no salen, se encierran, no se comunican, no se mezclan, no se involucran y mantienen una distancia ajena. El barrio ya no es el mismo. Los que le daban su carácter, se van. Los que generaban sus actividades propias, ya no están. Todo pasa a ser un lugar un tanto plástico.

Algunas veces dan ganas de mantener ciertos lugares casi intocables. No visitarlos con turistas extranjeros para que no se ponga el ojo en ese sector. Mantener el barrio Hontaneda, proteger a Cajillas para que los vecinos sigan remojando sus pies en un tiesto en la calle, sigan comprando en su almacén, los niños continúen jugando pichangas domingueras y la identidad de la ciudad se mantenga.

Un detalle no menor es que los turistas justamente están buscando identidad y huyen de aquellos lugares que notan producidos. O se alojan en los producidos para visitar los con carácter.
El mayor atractivo turístico de Valparaíso es esa notable identidad que aporta este carácter que emociona como tantas veces me ha tocado ver en mis propios pasajeros.

Nuevos lugares, nuevos edificios construidos sin ningún criterio de preservación, de arquitectura moderna y cuadrada, pocas soluciones efectivas con respecto a nuestros íconos, son enemigos de lo que justamente vende a Valparaíso, lo que lo hace atractivo, lo que lo hace particular y único, aquello que llega a tocar la fibra de emoción en quienes lo visitan.

Entonces la pregunta queda en el aire…

… Quién niega a Valparaíso?

Sus propios habitantes???

O quienes podrían estarlo imaginando como un nuevo barrio “La Boca”?

Cómo hacemos para mantener los lugares, aun potenciándolos, aun promoviéndolos, pero protegiendo a la mayor fuente de identidad de la ciudad, su propia gente, y que esta se vea beneficiada por la nueva actividad económica y que se motive a participar en ella, no solamente vendiendo sus casas a un precio que jamás habrían logrado???

Hasta ahora Jaime Morales, mi lector, tiene razón. Debemos tomar cuenta de esta voz que trasciende la opinión solitaria en un blog, pero que interpreta a muchos que la comentan en las esquinas de la ciudad.

La voz silenciosa de los que son en verdad Valparaíso y no lo niegan porque no se niegan a sí mismos…

… su propia gente.

Leo Silva

viernes, 23 de julio de 2010

Cavilaciones


Sin rumbo fijo. Así han navegado mis ideas últimamente y antes de recalar en el puerto de mis escritos, zarpan de nuevo sin previo aviso, dejándome abandonado en la playa solitaria de los sin inspiración.

La verdad es que estoy disperso y no alcanzo a amarrar un artículo cuando ya estoy ensoñando otro. Me siento como Serrat en aquella canción donde trata de agarrar una idea para escribir a su amada y se pierde en los detalles simples y cotidianos de sus cigarrillos, de su techo sin pintura, y no se le ocurre nada.

No han dejado de ocurrir cosas en este Valparaíso de mayo, junio y julio, solo que de aquellas que no nos gustan como el cierre de más ascensores. Sin embargo, ya escribí antes sobre este tema de una manera casi premonitoria. Me siento, me miro los zapatos, prendo otro cigarrillo y…

… nada (suspiro)

Voy por un café y con él en la mano miro por la ventana. Llueve hoy. Un invierno frío, muy frío. Un invierno lento de bufandas, ropas abrigadas y vidrios empañados. Un invierno gris o de un sol dibujado que alumbra pero no entibia…

… qué tristes suelen ser algunas veces los inviernos en Valparaíso. Son temporadas nostálgicas de canciones acústicas y atmósferas nubladas. De caminatas lentas y sin rumbo, desde los callejones a la costa. Todos los espacios, aunque con cierta actividad, lucen solitarios. Las caras ausentes, el día a día llevado con cierta inercia y fatiga. El paseo Wheelwright desde Barón a Portales con un par de ciclistas, otros caminantes sonámbulos acompañados por el sonido quieto del mar, la imponente fachada de la Universidad Santa María que se desdibuja entre la niebla, retirándose también a su sueño. La playa, gaviotas y pelícanos en blanco y negro y escala de grises.

Busco en mis artículos anteriores. Los leo y los repaso. Releo los comentarios entusiastas dejados por mis lectores, buscando nuevos vientos que soplen a la inspiración. El tiempo se quema con la lentitud de una vela, despacio, quedo, una gota de esperma estéril cae por un costado y muchas gotas de lluvia se deslizan por la ventana.

Me sorprendo. Hace justo un año escribí un texto sobre los temporales de Valparaíso, evocándolos, casi invocándolos y hace dos semanas tuvimos uno fuerte, hermoso, violento, que me hizo correr para disfrutar del viento y la lluvia en la cara y por supuesto para grabarlo en video para una de mis “Notas Callejeras”. Curioso fue que el conductor del colectivo detectara mi intención, pues sin que mediara previa conversación me informó del eventual encallamiento de un barco. Me lo mostró desde mirador Barón, en su rostro la expectación por el pronto evento. Filmando, me lo volví a encontrar todo contento por haber acertado y porque un naufragio en tormenta es una situación digna de ver. Tuve mi fiesta de temporales tal cual como la pedí y empapado volví a mi computador a editar la nota.

Naufragio. Así me siento ahora que escribo estas cavilaciones sin rumbo fijo. Un barco a la deriva movido, azotado, bañado por encima con espuma salina, sin posibilidad de fijar el timón, asistiendo al simple hecho del encallamiento próximo.

Prendo otro cigarrillo. "Algún día deberé plantearme seriamente el dejar de fumar". Me pierdo varios minutos ensoñando y buscando la línea siguiente, el párrafo siguiente, la idea en consecuencia. Que calce, que acompañe, que siga el sentido y que suene bien.

El trabajo comienza a volver. Luego estaré en la calle nuevamente con mis pasajeros hablando de Valparaíso, moviendo las manos, dirigiendo la mirada, haciendo el “plano detalle”; embrujando, siendo el mago que traduce, sacando de su copa sombrero, escalas, ascensores, subidas y bajadas, callejones mágicos, terremotos y mareas, perros y gatos, colores, puertas y ventanas de andamio encumbrado y una que otra mesa de bar.

Sin embargo, Valparaíso. Tú y yo que nos miramos a la cara siempre. Yo que soy tu amante devoto y entregado. El que lee tu interlínea y subtexto. Tú, que me miras y me das la pasada amorosa a tus rincones más recónditos. Yo a ti debo decirte que, algunas veces, me cuestas mucho.

Cuánto me cuestas Valparaíso, en especial…

… cuando no se me ocurre nada.


Leo Silva

miércoles, 26 de mayo de 2010

Un Naufragio en tierra (Proa al viento, proa al mar, Proa al Cañaveral)


Como extraño el Proa al Cañaveral. Hace algún tiempo fue un gran restaurante muy conocido en Valparaíso que los años fueron dejando atrás. Sin embargo, de pronto resurgió como un imperdible de la bohemia porteña. Sus noches se hicieron famosas en la ciudad pero junto con eso, también comenzó una recuperación de su categoría de restaurante.

Tímidamente comencé a frecuentarlo de día y pude descubrir que su concepto marinero lo amarraban al imaginario del puerto. Su decoración estaba anclada a viejos artefactos marinos, una gran exposición de artículos, cabos, barriles y esa atmósfera intimidante de lugar real. No sólo sus objetos decorativos tenían que ver con la actividad marinera, sino que todos los que ahí trabajaban habían estado ligados al mar. El lugar no mentía. Era de una profunda y honesta verdad.

Me comenzó a recibir su administrador Pedro Iglesias, de gorro de capitán y pipa, hombre afable y de trato cálido. El me empezó a hablar de la organización que el Proa tenía. Se hablaba de cubierta principal, refiriéndose a su comedor, puente y entrecubierta a su primer piso. También me explicó de dónde provenían todos los objetos que ahí se exhibían. Según él me contaba, había sido contramaestre del Buque Escuela Esmeralda y estaba al tanto de cada uno de los nombres que conforman la arboladura de los grandes veleros. Con unos modelos de su colección me enseñaba la complicada nomenclatura de mástiles, velas, esloras y mangas, estribor y babor, proa y popa. No por nada era conocido por los que frecuentaban el lugar como “El Capitán”

Comencé a llevar a mis grupos de pasajeros al Proa y el efecto, después de una caminata por Valparaíso, era estremecedor. Los viajeros me felicitaban porque habían llegado a un lugar de verdad, no una maqueta, no un escenario. Si buscaban un lugar profundamente local, pues ahí lo tenían y desde sus ventanas, mientras se cenaba y bebía, se veía el puerto y su actividad. También estaban los clientes, personajes típicos del sector que habían recalado en el Proa por su originalidad. No faltaban las “chicas” que siempre trafican por el barrio. Valparaíso en pleno. Su ambiente bohemio con su mística al borde del peligro, en la frontera misma, la famosa y temida bohemia marinera porteña.

La llegada al lugar con mis pasajeros empezó a tener ciertos ritos que provocaban un gran efecto. Subiendo por sus escalas y en cuanto aparecía El Capitán, detenía a mi grupo y con voz sonante y ceremoniosa decía: “Capitán, solicito permiso para abordar” Y Pedro respondía: “Permiso concedido”. Siempre un gran abrazo y el saludo de camaradería de todos los que ahí trabajaban y las caras de emoción de todos los pasajeros por tanta trasnochada solemnidad.

Han visto bailar cueca a un holandés??? Pues, con los músicos del local les cantábamos la Joya del Pacífico, boleros, valses peruanos, tangos y por supuesto nos poníamos a bailar cueca y hasta la cocinera bailaba con el Capitán. Después sacábamos al baile a los pasajeros que, sin ninguna timidez, versionaban nuestra danza mientras los clientes locales se subían a las mesas a palmear el arrojo del “gringo” o la “gringa” de rigor. Era en esos momentos donde replicábamos, prácticamente calcábamos el viejo ambiente marinero de la bohemia con extranjeros y chilenos entremezclados unos y otros, tratando de entenderse a señas en mal inglés y mal español.

Porque se llama “Proa al Cañaveral”, Pedro???

Me respondía el Capitán: Su dueño fundador tuvo la original ocurrencia de que si este restaurant fuese de verdad un barco, su proa que mira al norte navegaría en línea recta, para llegar justo a “Cabo Cañaveral” en EEUU. No pude dejar de reírme y cuando recuerdo esta genialidad creativa todavía me da risa. Un buen lugar debe tener historias para contar y en el Proa, desde los barriles que servían de mesas, pasando por los artículos y adornos provenientes de barcos, la escafandra de buzo, los mapas de navegación que empapelaban las paredes, el enorme cuadro que retrataba el lugar, hasta el viejo piano desafinado, todo parecía querer invitarte, todo ahí te guiñaba el ojo para que te sentaras a su lado a oír sus historias, a recalar en una mesa para zarpar en los relatos.

También pasé tardes enteras ahí conversando con mi buen amigo. Sostener el local no era nada de fácil, no siempre yo llegaba con los turistas, no había mucha frecuencia y los clientes no eran suficientes. Con todo lo mágico que era, también su realidad le pasaba la cuenta. Sólo piratas visitan bares de piratas. Aunque sus noches eran animadísimas y varias generaciones de universitarios las convirtieron en un imperdible, lo que la noche de baile proveía no sostenía lo que el restaurant no producía. El Proa navegaba siempre escorado con un lastre pesado e imposible de cortar.

Para un marino es mucho más fácil enfrentar un temporal, que quedarse al garete. Cuando se acaba el viento y las velas no se hinchan, la nave no se mueve y todo queda detenido, en pausa, sin rumbo.

Al fin el Proa naufragó y se cerró y los que navegábamos en él nos desembarcamos para sumar nuevas rutas en nuestras cartas de navegación. Se que ha vuelto a abrir de noche en versión fiestera, sin embargo el restaurante sigue cerrado.

No me gusta acudir a la nostalgia para escribir desde ella, en Valparaíso es un recurso manido donde se suele caer en el tópico de “Todo tiempo pasado fue mejor”, concepto del que huyo o al menos miro con sospecha, pues encierra una cierta inmovilidad, un letargo y desgano que me disgusta. Sin embargo, no he dejado de pensar en este local y recordar su porteñísimo ambiente.

Mi añoranza tiene punto de partida. La Regata Bicentenario de la que pudimos disfrutar con sus hermosos veleros atracados en el puerto y su hermosa navegación de despedida en frente a toda la ciudad. Tuve la suerte de navegar en medio de este desfile de veleros y mientras lo hacía y lo disfrutaba, pensaba que debería escribir algo sobre este evento. Sólo que mi mente no redactaba ningún artículo sobre la regata y si, se envolvía en los recuerdos del Proa al Cañaveral, de las conversaciones sobre veleros y de las lecciones que el capitán me daba sobre los nombres de los distintos elementos que componen la arboladura.

Creo no haber sido buen alumno, generalmente termino confundiendo los nombres de los trapos; foques, cangrejas, escandalosas y los de los palos; trinquetes, mayores y mesanas, como también los de algunos veleros como el Europa y el Sagres.

Qué bien la habríamos pasado disfrutando de los veleros desde las ventanas del restaurante, del espectáculo de tenerlos ahí todos juntos para comentar sus detalles y diferencias.

Dónde se encontrará la “marinería” del Proa??? Ni idea. Sólo sé que el capitán Pedro Iglesias cambió mareas por pampas andinas y hoy trabaja en las minas del desierto norteño. Pero si llega a aparecer por el puerto buscando tripulación para alguna navegación bohemia, yo estoy listo para embarcarme.

Capitán, permiso para abordar.

Leo Silva